8/22/2009
7/15/2009
EVAN ROBERTS Y EL AVIVAMIENTO EN GALES

El avivamiento de Gales empezó en 1904. Comenzó como un movimiento de oración. Seth Joshua, un evangelista presbiteriano, llegó al colegio Emlyn en Newcastle (Inglaterra). En este colegio estudiaba un minero, Evan Roberts, de 26 años de edad, para entrar al ministerio. Los estudiantes estaban tan conmovidos que pidieron asistir a la siguiente campaña de Joshua. Entonces se suspendieron las clases para ir a Blaenerch, donde Seth Joshua oró en público: "Oh Dios, dobléganos." Evan Roberts se fue adelante y oró con gran agonía: "Oh Dios, doblégame." Cuando regresó, ya no pudo concentrarse en sus estudios. Se fue al director del colegio y le explicó: "Sigo escuchando una voz que me dice que tengo que ir a casa y hablar a nuestros jóvenes en mi iglesia. ¿Es esta la voz del diablo o la voz del Espíritu?" El director respondió sabiamente: "El diablo nunca da órdenes como esta. Ud. puede tomar una semana libre." Entonces Evan se fue a su pueblo y dijo al pastor: "He venido para predicar." El pastor no estaba muy convencido, pero preguntó: "¿Qué te parece hablar en la reunión de oración el lunes?" Ni siquiera le dejó hablar en la reunión, sino dijo a los que asistieron: "Nuestro hermano joven, Evan Roberts, siente que tiene un mensaje para ustedes si desean quedarse al final."
la Capilla Moriah, Loughor, Gales del Sur, Evan Roberts predicó 1904/1905 Diecisiete personas se quedaron, y fueron impresionados con la manera directa de hablar del joven. Evan Roberts les dijo: "Tengo un mensaje de Dios para ustedes: Ustedes tienen que confesar ante Dios cada pecado del cual estén conscientes, y tienen que arreglar todo mal que han hecho a otros. Segundo, tienen que despojarse de todo hábito dudoso. Tercero, tienen que obedecer al Espíritu prontamente. Finalmente, tienen que confesar públicamente su fe en Cristo." A las diez de la noche, todas las diecisiete personas habían respondido. El pastor estaba tan contento que pidió: "¿Qué te parece hablar en el culto de misiones mañana por la noche? ¿Y el culto del miércoles de la noche?"El predicó toda la semana, y le pidieron quedarse otra semana más. Entonces llegó la victoria. De repente, las columnas eclesiásticas aburridas en los diarios cambiaron: "Grandes multitudes de personas están siendo atraídas a Loughor." La carretera principal donde se encontraba la iglesia, estaba repleta de gente que quería llegar a la iglesia. Los propietarios de tiendas las cerraban temprano para encontrar un asiento en la iglesia.
interior de la capilla donde Evan Roberts llevó a la congregación a Dios Un reportero fue enviado y describió vivamente lo que vio: una reunión extraña que duró hasta las 4:25 de la madrugada; y aun a esa hora la gente no quería ir a casa. El movimiento pasó sobre Gales como una marea alta; en cinco meses se convirtieron cien mil personas en todo el país. Cinco años después, el Dr.J.V.Morgan escribió un libro para desprestigiar el avivamiento; su crítica principal fue que de estos cien mil convertidos, ¡después de cinco años "solo" setenta y cinco mil seguían siendo miembros de iglesias! El impacto social fue asombroso. Por ejemplo, los jueces no tenían ningún caso a juzgar: no hubo robos, ni asaltos, ni violaciones, ni asesinatos, ni malversaciones, nada. Los consejos distritales tuvieron asambleas de emergencia para discutir de qué hacer con la policía que ahora se quedó sin trabajo. En cierto lugar, llamaron al sargento de la policía y le preguntaron: "¿Qué hace Ud. con su tiempo?" - El respondió: "Antes del avivamiento teníamos dos trabajos principales: prevenir delitos, y controlar multitudes como por ejemplo en partidos de fútbol. Desde que comenzó el avivamiento, prácticamente ya no hay delitos. Entonces simplemente nos quedamos con las multitudes." - Un miembro del consejo preguntó: "¿Qué significa esto?" - El sargento respondió: "Ud. sabe donde están las multitudes. Están llenando las iglesias." - "¿Pero cómo afecta esto a la policía?" - "Tenemos diecisiete policías en nuestro puesto. Tenemos tres cuartetos, y si alguna iglesia desea que cante un cuarteto, entonces nos llaman al puesto."
Mientras el avivamiento pasó por Gales, el alcoholismo se redujo a la mitad.

Hubo una ola de bancarrotas - casi todas cantinas. Hubo también cierto atraso en las minas, porque muchos mineros se convirtieron y dejaron de hablar groserías; entonces sus caballos que jalaban las carretas de carbones en las minas, ya no podían comprender lo que les dijeron. El avivamiento afectó también la moral sexual. En los números provistos por los expertos del gobierno británico, se notó que en dos condados el número de nacimientos ilegítimos había bajado en 44% dentro de un año después del comienzo del avivamiento. El avivamiento pasó por Gran Bretaña, Escandinavia, Alemania, Norteamérica, Asia Austral, África, Brasil, México y Chile. Como siempre, comenzó con un movimiento de oración.
Evan Roberts no tenía los dones de un gran intelecto, ni era un orador elocuente, pero tenía una pasión ardiente por Jesús. Mientras otros jóvenes estaban paseando en sus veleros en la bahía, el joven Roberts asistía fielmente a las reuniones de oración. Aunque tenía solamente 26 años, Evan Roberts no tenía tiempo para distracciones y placeres juveniles. Día y noche sin cesar oraba, lloraba y suspiraba por un gran avivamiento espiritual. El escribió: "Por diez u once años había orado por avivamiento. Podía quedarme despierto toda la noche para leer o hablar sobre avivamiento." Finalmente fue desalojado de su cuarto alquilado, porque la propietaria pensaba que en su entusiasmo estaba poseído o un poco loco. Pasaba horas orando y predicando en su cuarto, hasta que la señora le tuvo miedo y le pidió marcharse. El papel de Evan Roberts en el avivamiento no fue nada convencional. A menudo simplemente guiaba a la gente en oración o leía las Escrituras. En otras ocasión se quedaba sentado tranquilamente, mientras la gente, uno por uno, confesaban sus pecados o dieron testimonio de la victoria y del poder de Cristo. También había tiempos gloriosos de adoración que duraban horas. Roberts solo daba instrucciones humildes de vez en cuando, y dejaba que el Espíritu Santo hiciera el resto. El era un ejemplo constante, no de como predicar, pero de como dejarse guiar por el Espíritu. El avivamiento galés fue una invasión poderosa del Espíritu; el reino de Dios se manifestó de manera radical en la tierra. Los ingresos de los trabajadores, en vez de malgastarse en bebidas y vicios, traían ahora gran alegría a sus familias. Grandes deudas fueron pagadas por miles de nuevos convertidos. Hacer restitución fue la orden del día. Los negocios de juegos y alcohol perdieron su trabajo, y los teatros cerraron. El fútbol fue olvidado tanto por los jugadores como por los espectadores, aunque no se dijo nada acerca de ello desde los púlpitos. La gente tenía nuevas vidas y nuevos intereses. Las reuniones políticas fueron suspendidas o abandonadas; nadie estaba interesado. Los líderes políticos del parlamento en Londres se dedicaron ellos mismos a las reuniones de avivamiento. Las barreras denominacionales, hechas por los hombres, colapsaron completamente cuando creyentes y pastores adoraban juntos a su Señor majestuoso."

Una de las características sobresalientes del avivamiento fue la confesión de pecados, no solo entre los incrédulos, sino entre los cristianos. Todos fueron quebrantados y se derritieron ante la cruz de Cristo. Durante todo el avivamiento, Evan Roberts enfatizaba constantemente la necesidad de tratar honestamente con el pecado, la obediencia completa hacia el Espíritu Santo, y la preeminencia del Señor Jesucristo. Evan Roberts fue un instrumento para traer sanidad a un país entero, porque se preocupaba y lloraba y oraba. El abrazó el corazón quebrantado de Dios y se lo volvió a ofrecer por medio de la oración y la intercesión. Como resultado, dondequiera que iba, los corazones se encendieron con el amor de Dios.
6/24/2009
El arrepentimiento

He aquí, amado lector el arrepentimiento que enseñamos, a saber: morir a la antigua vida pecaminosa y no vivir más de acuerdo a las concupiscencias de la carne, sino hacer lo que David hizo. Cuando fué reprobado por el profeta a causa de su pecado lloró amargamente, clamó a Dios, se apartó del pecado y no volvió a cometerlo nunca más. Pedro pecó gravemente sólo una vez. Mateo, después de su llamamiento no volvió a su antigua vida. Zaqueo y la mujer pecadora no tornaron a hacerse culpables de las obras impuras de tinieblas. Zaqueo hizo restitución de lo que había defraudado y estafado y dio a los pobres y desamparados, la mitad de su bienes. La mujer lloró amargamente y lavó los pies del Señor con sus lágrimas, lo ungió con ungüento precioso y se sentó humildemente a Sus pies a escuchar Su bendita palabra. Estos son los verdaderos frutos del arrepentimiento que es aceptable al Señor. (I:18a).
Este arrepentimiento enseñamos y no otro, a saber: que nadie puede gloriarse de la gracia de Dios y del perdón de sus pecados y de los méritos de Cristo, mientras que los verdaderos frutos del arrepentimiento no se han producido en su vida. No es suficiente que digamos que somos hijos de Abraham, es decir, que llevamos el nombre de Cristianos, sino que debemos hacer las obras de Abraham (Juan 8:39). Tenemos que andar como todo verdadero hijo de Dios es guiado y ordenado por la Palabra de Dios, como dice Juan: "Si nosotros decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no hacemos la verdad. Mas si andamos en luz como Él está en luz, tenemos comunión entre nosotros y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado". (I Juan 1:6 7). (I:18b).
Pero si quisieras arrepentirte y confesarte sinceramente, y recibir verdadera absolución de Dios, acércate a Él con corazón confiado, penitente, contrito, con alma dolorida y amargada; olvida el pecado, haz lo justo y recto a tu prójimo, ama, ayuda, sirve, reprueba y confórtale como debes. Y si has pecado contra él, o si alguna vez lo has perjudicado en alguna forma, confiésaselo y dale satisfacción. Porque ésta es la verdadera confesión auricular y penitencia enseñadas en la Palabra de Dios.
-Menno Simons
¿Qué es el avivamiento?

HAY AVIVAMIENTO CUANDO uno se ve a sí mismo como Dios le ve.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO existen una convicción profunda y una búsqueda ansiosa, que los mueve a aborrecer el pecado a las personas.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO existe una intensa búsqueda de Dios y de su santidad.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO uno siente la inundante presencia y poder de Dios.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO el arrepentimiento es ferviente y profundo, generalmente seguido por una sincera restitución.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO cada rincón de nuestro propio carácter es traído bajo el escrutinio del Espíritu Santo de Dios.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO hay un rechazo completo del pecado, y una completa entrega de nuestra voluntad a Dios.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO hay un deseo consumidor por pureza de corazón, que sobrepasa todo deseo natural.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO uno está dispuesto a entregar a Dios su reputación, sus amigos, su pasado, presente y futuro, a cambio de libertad.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO una dulce libertad viene después de la confesión dolorosa.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO el gozo y la alegría corren como río de éxtasis inexplicable.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO al cantar los antiguos himnos de la iglesia, y los mismos toman un nuevo y profundo significado.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO el pueblo de Dios se derrite por los demás, en amor divino.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO la adoración es real y viva, con esperanza y entusiasmo.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO las alabanzas y la adoración son la expresión profunda de un alma cuyo espíritu está glorificando a Dios.
HAY AVIVAMIENTO CUANDO la iglesia es restaurada a su propósito original, que fue planeada por Dios, por quien Cristo murió, y por el cual el Espíritu Santo descendió."Vuélvenos, oh Jehová, a ti y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio" (Lamentaciones 5:21).—
Leonor McKinney
6/11/2009
Venid a mí ha sido su llamado
“Venid a mí ha sido su llamado…
Para aprender de Él, ha sido su propósito”.
Mt. 11:28-29

Las Escrituras sí nos muestran que podemos venir delante de Dios, con nuestras cargas y problemas. PERO lo que en realidad se nos enseña en todas las Escrituras, es a venir delante de Dios y aprender y ser enseñados por El. Y esto es lo que menos hacemos. (Ver como ejemplo el salmo 25).
Venir delante de Dios : no es para llenarlo de nuestras cargas, peticiones o mostrarle nuestros planes.
Venir delante de Dios es : darle honra, es reconocer quién es El. Reconocer que delante de su presencia, no hay nada grande e importante; que solo El es grande e importante.
Venir delante de Dios : requiere de temor, humildad, adoración y saber guardar silencio en una actitud de espera.
Venir delante de Dios es : para ser conocidos por El.
Venir delante de Dios es : para ser enseñados por El, para aprender de El. Conocer lo que creemos ya conocer, pero con nuestra forma de vivir diaria y trato hacia los demás manifestamos nuestra total ignorancia de Dios; que El es el Cordero manso y humilde.
Venir delante de Dios es : para ser despojados de todo lo que somos, sobre todo de nuestra jactancia y falsa espiritualidad.
Venir delante de Dios es : para convertirnos en un amante de su vida.
Venir delante de Dios es :ser un hábil comerciante; es estar vendiéndolo todo, para llegar a poseer la perla de gran precio.
Venir delante de Dios : no solo es ser un necesitado, sino es ser contado entre los sabios, los entendidos y los príncipes de su pueblo.
Venir delante de Dios es : la decisión más importante de nuestra vida. Y el no hacerlo hace que todo lo que podamos hacer y alcanzar en esta vida no tenga ningún valor e importancia. Y que seamos llamados al final de la vida, solamente un fulano.
Venir delante de Dios es : un acto de gratitud. Es mostrarle lo dichosos que somos por su grande misericordia y por su soberana voluntad, elección y obra en todas las circunstancias de nuestra vida.
Venir delante de Dios es : edificar con oro, plata y piedras preciosas y rechazar la madera, el heno y la hojarasca que este mundo nos ofrece.
Venir delante de Dios es : amar y ser responsables con nuestro prójimo.
Venir delante de Dios es : estar atravesando la puerta que nos conduce a la eternidad, quedando o dejando a nuestras espaldas, la vida temporal y sin valor.
Venir delante de Dios es : una decisión voluntaria entre dos vidas. Lo Creado y su creador / el polvo de la tierra y el Eterno / entre el inmundo, el inclinado al mal y el Santo en el cual no hay sombra de variación / el pábilo que humea y el fuego consumidor / la caña cascada sacudida por el viento y la roca inconmovible de los siglos / entre el corazón engañoso y la diadema de los cielos / entre el necio altivo y el Cordero manso y humilde de corazón / entre el miserable, pobre, ciego y desnudo, y el dueño absoluto de todo / entre la oveja perdida y el buen pastor herido e inmolado / entre el hijo pródigo, y el padre compasivo / entre el enemigo y el pacificador.
Venir delante de Dios es : una leve inclinación del alma humana, seguida por una invasión de diluvios de gracia y amor del Espíritu de Dios.
Venir delante de Dios es : la elección humana de escoger la cruz, para dar paso a la elección Divina de manifestar el poder de su resurrección.
Venir delante de Dios es : amar la vida. El demorar hacerlo es amar la muerte.
Venir delante de Dios es : un acto de valentía; los cobardes permanecen en su sedimento y mal olor.
Venir delante de Dios es : la plenitud de gozo y la paz inagotable.
Venir delante de Dios es : abandonar los trapos de inmundicia y la obstinación humana por caminar en amistad con la rosa de Sarón y el lirio de los valles.
Venir delante de Dios es : un cambio de nombre, de corazón y de ciudadanía.
Venir delante de Dios es : cambiar de morada, el muladar por la casa del banquete. Los ajos y las cebollas, por el monte de Sion / la amistad con el padre de mentira, por la amistad con el Fiel y Verdadero / el crujir de dientes, donde el gusano nunca muere, por mirar, oír y participar de la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes, y de los ancianos, de millones de millones, que exaltarán por la eternidad al Cordero de Dios.
Venir delante de Dios es : un funeral y a la ves, un nacimiento.
Venir delante de Dios es : hacer historia. Dejar de ser un individuo y dar paso al nacimiento de una nación.
Venir delante de Dios es : el hecho más poderoso conocido por el hombre que en su momento fue completamente ignorado. Pero que ha traspasado las edades, los cielos, las puertas de las cárceles, derribado tronos y derribado argumentos, menospreciado coronas, vestidos finos y mesas llenas de suculentos manjares, mas ha llegado donde solo hay harapos y uno que otro pedazo de pan. Sucedió en un lugar apartado, cuando un hijo vino delante de su padre, diciéndole: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Con aprecio,
Hno. Julio Barrientos.
Para aprender de Él, ha sido su propósito”.
Mt. 11:28-29

Las Escrituras sí nos muestran que podemos venir delante de Dios, con nuestras cargas y problemas. PERO lo que en realidad se nos enseña en todas las Escrituras, es a venir delante de Dios y aprender y ser enseñados por El. Y esto es lo que menos hacemos. (Ver como ejemplo el salmo 25).
Venir delante de Dios : no es para llenarlo de nuestras cargas, peticiones o mostrarle nuestros planes.
Venir delante de Dios es : darle honra, es reconocer quién es El. Reconocer que delante de su presencia, no hay nada grande e importante; que solo El es grande e importante.
Venir delante de Dios : requiere de temor, humildad, adoración y saber guardar silencio en una actitud de espera.
Venir delante de Dios es : para ser conocidos por El.
Venir delante de Dios es : para ser enseñados por El, para aprender de El. Conocer lo que creemos ya conocer, pero con nuestra forma de vivir diaria y trato hacia los demás manifestamos nuestra total ignorancia de Dios; que El es el Cordero manso y humilde.
Venir delante de Dios es : para ser despojados de todo lo que somos, sobre todo de nuestra jactancia y falsa espiritualidad.
Venir delante de Dios es : para convertirnos en un amante de su vida.
Venir delante de Dios es :ser un hábil comerciante; es estar vendiéndolo todo, para llegar a poseer la perla de gran precio.
Venir delante de Dios : no solo es ser un necesitado, sino es ser contado entre los sabios, los entendidos y los príncipes de su pueblo.
Venir delante de Dios es : la decisión más importante de nuestra vida. Y el no hacerlo hace que todo lo que podamos hacer y alcanzar en esta vida no tenga ningún valor e importancia. Y que seamos llamados al final de la vida, solamente un fulano.
Venir delante de Dios es : un acto de gratitud. Es mostrarle lo dichosos que somos por su grande misericordia y por su soberana voluntad, elección y obra en todas las circunstancias de nuestra vida.
Venir delante de Dios es : edificar con oro, plata y piedras preciosas y rechazar la madera, el heno y la hojarasca que este mundo nos ofrece.
Venir delante de Dios es : amar y ser responsables con nuestro prójimo.
Venir delante de Dios es : estar atravesando la puerta que nos conduce a la eternidad, quedando o dejando a nuestras espaldas, la vida temporal y sin valor.
Venir delante de Dios es : una decisión voluntaria entre dos vidas. Lo Creado y su creador / el polvo de la tierra y el Eterno / entre el inmundo, el inclinado al mal y el Santo en el cual no hay sombra de variación / el pábilo que humea y el fuego consumidor / la caña cascada sacudida por el viento y la roca inconmovible de los siglos / entre el corazón engañoso y la diadema de los cielos / entre el necio altivo y el Cordero manso y humilde de corazón / entre el miserable, pobre, ciego y desnudo, y el dueño absoluto de todo / entre la oveja perdida y el buen pastor herido e inmolado / entre el hijo pródigo, y el padre compasivo / entre el enemigo y el pacificador.
Venir delante de Dios es : una leve inclinación del alma humana, seguida por una invasión de diluvios de gracia y amor del Espíritu de Dios.
Venir delante de Dios es : la elección humana de escoger la cruz, para dar paso a la elección Divina de manifestar el poder de su resurrección.
Venir delante de Dios es : amar la vida. El demorar hacerlo es amar la muerte.
Venir delante de Dios es : un acto de valentía; los cobardes permanecen en su sedimento y mal olor.
Venir delante de Dios es : la plenitud de gozo y la paz inagotable.
Venir delante de Dios es : abandonar los trapos de inmundicia y la obstinación humana por caminar en amistad con la rosa de Sarón y el lirio de los valles.
Venir delante de Dios es : un cambio de nombre, de corazón y de ciudadanía.
Venir delante de Dios es : cambiar de morada, el muladar por la casa del banquete. Los ajos y las cebollas, por el monte de Sion / la amistad con el padre de mentira, por la amistad con el Fiel y Verdadero / el crujir de dientes, donde el gusano nunca muere, por mirar, oír y participar de la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes, y de los ancianos, de millones de millones, que exaltarán por la eternidad al Cordero de Dios.
Venir delante de Dios es : un funeral y a la ves, un nacimiento.
Venir delante de Dios es : hacer historia. Dejar de ser un individuo y dar paso al nacimiento de una nación.
Venir delante de Dios es : el hecho más poderoso conocido por el hombre que en su momento fue completamente ignorado. Pero que ha traspasado las edades, los cielos, las puertas de las cárceles, derribado tronos y derribado argumentos, menospreciado coronas, vestidos finos y mesas llenas de suculentos manjares, mas ha llegado donde solo hay harapos y uno que otro pedazo de pan. Sucedió en un lugar apartado, cuando un hijo vino delante de su padre, diciéndole: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Con aprecio,
Hno. Julio Barrientos.
6/01/2009
EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR SU SEMILLA

por Charles Haddon Spurgeon
En Exeter Hall, Strand, Londres.
"Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: el sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga." Lucas 8: 4-8.
En nuestro país, cuando un sembrador sale con su semilla, entra a un campo cercado y comienza de inmediato, con debido orden y precisión, a esparcir la semilla de su canasta a lo largo de cada camellón y cada surco; pero en el Oriente, el campo de cultivo, que está muy cercano a la aldea, es una vasta planicie desprovista de cercas. Es cierto que el terreno está dividido en diferentes propiedades, pero no hay vallados, no hay divisiones, excepto los lindes antiguos, o tal vez, en raras ocasiones, un simple muro de piedras que se utiliza para dividir un campo de otro. A lo largo de estas tierras comunales y completamente abiertas, hay veredas, las más frecuentadas de las cuales se llaman calzadas. No deben imaginarse que estas calzadas sean en el menor grado como nuestros caminos macadamizados, sino son simplemente veredas frecuentadas, que quedan tolerablemente apisonadas. Por aquí y por allá hay atajos, sobre los cuales pueden andar los viajeros que deseen evitar el camino público buscando un poco más de seguridad, cuando el camino principal está infestado de ladrones, y el apresurado peatón puede encontrar un atajo a través de la planicie, y abre así un nuevo camino para otros que viajen en la misma dirección.
Cuando el sembrador sale en la mañana para sembrar la semilla, encuentra, tal vez, un pequeño espacio de terreno escarbado con un primitivo arado oriental; comienza a esparcir su semilla allí más abundantemente por supuesto, pero resulta que un sendero atraviesa el propio centro de ese campo, y a menos que esté anuente a dejar una importante área sin sembrar, tiene que arrojar un puñado de semillas sobre el sendero; y por allá, hay una roca que aflora justo en el centro de la tierra arada, y la semilla cae sobre ella; y allá también, protegido por la negligente labranza del oriente, hay un rincón lleno de raíces de ortigas y cardos, y el sembrador siembra su semilla allí también; el trigo y las ortigas nacen juntamente, y según sabemos por la parábola, los espinos son más fuertes y ahogan a la semilla, de tal manera que no produce fruto para perfección. El recuerdo de que la Biblia fue escrita en el Oriente, y de que sus metáforas y alusiones nos deben ser explicadas enteramente, únicamente por viajeros orientales, nos ayudaría a menudo a entender un pasaje mucho mejor de lo que podría hacerlo un lector inglés común.
Ahora, el predicador del Evangelio es como el sembrador. Él no produce su semilla; su Señor le da su semilla. No sería posible que el hombre produjera la más pequeña semilla que haya germinado jamás sobre la tierra, y mucho menos esa semilla celestial de vida eterna. El ministro va a su Señor en secreto, y le pide que le enseñe Su verdad, y así llena su cesta con la buena semilla del reino. Lo que el ministro tiene que hacer, es salir, en el nombre de su Señor y esparcir la verdad preciosa. Si supiera dónde pudiera encontrarse el mejor suelo, tal vez se limitaría a aquel que ha sido preparado por el arado de la convicción. Pero como no conoce los corazones de los hombres, su oficio consiste en predicar el Evangelio a toda criatura; y tiene que echar un puñado en ese corazón duro allá, y otro puñado en este corazón crecido en exceso, que está lleno de afanes y riquezas y placeres de este mundo.
Él tiene que confiar el destino de la semilla al cuidado del Señor que se la dio, pues entiende muy bien que no es responsable de la cosecha; él es únicamente responsable del cuidado, de la fidelidad y de la integridad con los que esparce la semilla, a diestra y siniestra con ambas manos. Qué importa que ninguna espiga alegre jamás a las gavillas; aunque no se vea nunca una sola hoja brotando entre los surcos, el hombre será aceptado y recompensado por su Señor, si sólo ha sembrado la buena semilla, y la ha sembrado con mano cuidadosa. ¡Ay! ¡Ay! -si no fuera por este hecho, que no somos responsables de nuestro éxito-, con qué agonía desesperanzadora debemos recordar que demasiado a menudo laboramos en vano, y gastamos nuestra fuerza sin obtener nada. El viejo clamor de Isaías debe ser todavía nuestro clamor, "¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?"
Pero una semilla de cada cuatro, encuentra un terreno lleno de esperanzas. Tres de las cuatro porciones, esparcidas en lugares malos, no producen ningún buen efecto, sino que se pierden, y no se volverán a ver, excepto cuando se levanten en el juicio en contra de nuestros oyentes carentes de la gracia, para condenarlos.
Permítanme observar aquí que la medida de nuestro deber no está limitada por el carácter de nuestros oyentes, sino por el mandamiento de Dios. Estamos obligados a predicar el Evangelio, ya sea que los hombres oigan o que se abstengan de oír. Los corazones de los hombres son lo que son. No soy liberado de mi obligación de sembrar la semilla sobre la piedra al igual que en el surco, en la calzada al igual que en el campo arado.
Esta mañana mi plan será muy simplemente, dirigirme a las cuatro clases de oyentes que han de ser encontrados en mi congregación. En primer lugar, tenemos a aquellos que están representados por la ubicación junto al camino, los meros oyentes; luego tenemos a aquellos representados por oyentes de terrenos de pedregales, aquellos en quienes es producida una impresión transitoria, tan transitoria, sin embargo, que nunca llega a ningún bien duradero. Luego siguen aquellos en quienes se produce una impresión grande y buena, pero los afanes de esta vida, y el engaño de las riquezas y los placeres de este mundo ahogan la semilla; y, por último, esa pequeña clase -Dios se agrade en multiplicarla en grado sumo-, esa pequeña clase de oyentes de buena tierra, en quienes la Palabra hace dar fruto, en algunos a treinta, en algunos a sesenta, y en algunos ciento por uno.
JUNTO AL CAMINO
por Charles Haddon Spurgeon

una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron...
Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga."
Lucas 8: 4-8.
I. En primer lugar, entonces, voy a dirigirme a aquellos corazones que son semejante a la ubicación JUNTO AL CAMINO: "Una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron." Hay muchos de ustedes que no vinieron aquí esta mañana para recibir una bendición. No tenían la intención de adorar a Dios, o ser afectados por algo que pudieran oír. Son semejantes a una calzada que nunca estuvo diseñada para que fuera un campo de cultivo. Si un solo grano de la verdad cayera en su corazón y creciera, sería un milagro, una maravilla tan grandiosa como si el grano creciera en un área junto al camino hollado y apisonado.
Ustedes son los oyentes que están junto al camino. Si la simiente, sin embargo, es esparcida con destreza, parte de ella caerá sobre ustedes y permanecerá por un rato en sus pensamientos. Es verdad que no la entenderán, mas sin embargo, si es colocada delante de ustedes en un estilo interesante, se alojará por un breve tiempo. Mientras no los atraiga un entretenimiento más simpático, hablarán de las palabras que oyeron pronunciar al ministro de la verdad. Pero incluso este tenue beneficio es breve, pues en muy poco tiempo olvidarán qué tipo de personas son.
Quiera Dios que pudiera tener esperanza de que mis palabras se demoraran en ustedes, pero no podemos esperarlo, pues el suelo de su corazón está tan apisonado por el tráfico continuo, que no hay esperanza que la semilla encuentre un asidero duradero y vivo para sus raíces. Hay demasiado tráfico en sus almas que no permite que la buena semilla permanezca sin ser aplastada. El pie de Satanás está pasando siempre sobre su corazón, con su manada de blasfemias, lascivias, mentiras, y vanidades. Luego ruedan por su corazón los carros del orgullo, y los pies de las riquezas insaciables lo huellan, hasta que se vuelve duro y diamantino. ¡Ay de la buena semilla!, pues no encuentra un momento de respiro; las muchedumbres pasan y vuelven a pasar; de hecho, su alma es un Bolsa de Valores, a través de la cual continuamente atraviesan los ocupados pies de los mercaderes, que convierten a las almas de los hombres en una mercancía. Ustedes están comprando y vendiendo, pero poco piensan en que están vendiendo la verdad, y en que están comprando la destrucción de su alma; están ocupados aquí y allá acerca de este cuerpo, la cáscara de su humanidad, pero son negligentes en cuanto a esa cosa preciosa interna: su alma.
Dices que no tienes tiempo de pensar en la religión. No, el camino de tu corazón es una vía pública tan congestionada, que no hay espacio para que este trigo brote. Si comenzara a germinar, algún rudo pie aplastaría la verde brizna de hierba antes de que alcanzara algo parecido a la madurez. Ha habido ciertos momentos contigo cuando la semilla ha permanecido lo suficiente para comenzar a germinar, pero justo entonces había un lugar de diversión abierto, y entraste allí, y como con un talón de hierro, la chispa de vida que estaba en la semilla fue aplastada; había caído en el lugar incorrecto; había demasiado tráfico allí para que tuviera la posibilidad de crecer.
Durante la peste de Londres, cuando los hombres eran llevados a su hogar permanente en grandes multitudes, la hierba crecía en las calles; pero el trigo no crecía en Cornhill, independientemente de cuán excelente fuera la semilla que sembraras allí. Rebusca en el mundo, y no podrías comprar una semilla de trigo que floreciera donde continuamente transita tal cantidad de tráfico. Tu corazón es igual que una vía pública congestionada; pues hay tantos pensamientos, y afanes, y pecados; tanto orgullo, vanidad, maldad y pensamientos rebeldes en contra de Dios, continuamente transitando por ella, que la verdad es semejante a la semilla arrojada sobre la calzada; no puede crecer porque es aplastada; y si permaneciera por un momento, las aves del cielo vendrían y se la llevarían.
Ay, pero es un pensamiento muy triste, que si esparcieras semilla en la calzada, no es sólo el pie de un mal hombre el que impediría su crecimiento, sino que incluso el pie de un santo podría ayudar a destruir su vida. ¡Ay!, los corazones de los hombres pueden ser endurecidos, no meramente por el pecado, sino por la propia predicación del Evangelio. Existe tal cosa como el endurecimiento para con el Evangelio; es posible escuchar sermones hasta llegar al punto que tu corazón se torna muerto y endurecido e indiferente. Como el perro del herrero que está echado y duerme mientras las chispas vuelan alrededor de su hocico, así yacerás y dormirás bajo el martillo de la ley, mientras las chispas de la condenación vuelan a tu alrededor, sin que te espanten ni te asombren nunca. Ya has escuchado todo eso antes; te contamos una historia trillada cuando te advertimos de la ira venidera.
Los hombres que trabajan en las gigantescas calderas en las fábricas de Southwark, cuando entran por primera vez para sostener el martillo, quedan con sus oídos aturdidos por los golpes; luego no pueden oír ningún sonido; pero gradualmente, según me informan, se acostumbran tanto a ese terrible ruido, que podrían dormir en medio de la caldera mientras los otros trabajadores estuvieran aporreando y golpeando ese aparato, aunque sus reverberaciones son como el trueno más potente.
Así sucede con ustedes; un ministro tras otro ha hollado en la calzada de su alma, hasta que se ha tornado tan dura que, a menos que Dios mismo se agrade partirla en dos con un terremoto, o con una conmoción del corazón, no habrá nunca espacio para que la semilla del cielo se aloje allí. Su alma se ha vuelto como un camino asendereado, por el cual circula mucho tráfico.
Hemos observado esta dura franja junto al camino y ahora vamos a describir qué sucede con la palabra cuando cae sobre este corazón. No crece; habría crecido si hubiese caído sobre un buen suelo, pero está en el lugar equivocado, y permanece tan seca como cuando fue arrojada por la mano del sembrador. Su vida yace dormida, el germen de vida en el Evangelio se esconde, y se queda en la superficie del corazón, pero no entra nunca en él. Como la nieve, que cae algunas veces en nuestras calles y no se queda allí ni un instante, sino que cae sobre el húmedo pavimento y se disuelve y se evapora, lo mismo sucede con el hombre. La palabra no tiene tiempo de revivir a las almas de los oyentes casuales de ella. Se queda allí un instante, pero no comienza nunca a echar raíces, o a tener el menor efecto.
Pero, nosotros preguntamos, ¿por qué los hombres vienen a oír si la palabra nunca es vuelta útil para ellos, y no entra nunca en el corazón? Eso me ha desconcertado a menudo; hay algunos de nuestros oyentes que no se ausentarían un domingo por nada del mundo, y que parecen deleitarse mucho al venir con nosotros para adorar, pero la lágrima no ruede nunca por su mejilla; su alma no parece elevarse nunca al cielo en las alas de alabanza, y tampoco se unen verdaderamente a nuestras confesiones de pecado. ¿Piensan en algún momento acerca de la ira venidera o acerca del estado futuro de sus almas? Su corazón es de hierro; es como si el ministro predicase a un montón de piedras en vez de predicarles a ellos.
¿Qué trae a estos pecadores insensibles aquí? ¿Hablamos a frentes de bronce y corazones de acero? De verdad tenemos las mismas esperanzas de convertir a leones y leopardos como de convertir a estos indómitos corazones inconmovibles. ¡Oh sentimiento!, tú has huido a las bestias brutas y los hombres han perdido la razón. Yo supongo que estos hombres vienen a menudo porque es respetable hacerlo, y además, porque incluso les ayuda a endurecerse; si permanecieran alejados, la conciencia les remordería y habría un poco de vida en ellos; pero asisten para poder lisonjearse con el convencimiento de que, después de todo, están bien. No son irreligiosos, no ellos; no son desconsiderados con la casa de Dios ni con su siervo; ellos asisten para poder endurecerse, y ser más y más embrutecidos en su estado de pecado y de insensibilidad.
¡Oh mis lectores!, su caso puede hacer llorar a los ángeles; tener el sol del Evangelio brillando sobre sus rostros, y sin embargo tener ojos invidentes que no ven nunca esa luz. La música del cielo resuena dulcemente, pero sus oídos son sordos, y ni el más débil acento alcanza jamás su pobre espíritu; el ministro es para ustedes alguien que toca un fino instrumento, pero toca ante una estatua que no tiene oídos para oír. Pueden captar el giro de una frase, y pueden encontrarle el sentido a una metáfora, pero el significado oculto, está totalmente perdido para ustedes. Están sentados en el banquete de bodas, pero no comen de los exquisitos bocadillos, y no beben de sus vinos; oyen las campanas del cielo tocando a júbilo por los espíritus rescatados, pero ustedes mismos permanecen secuestrados, sin Dios, y sin Cristo. Están parados a la puerta de la senda estrecha, en la propia puerta, pero no entran por ella; están cerca de la casa de misericordia, y la puerta está entreabierta; se paran y a veces miran hacia adentro, pero no dan nunca el paso final y decisivo.
Aunque hagamos lo que podamos para exhortarlos, aunque argumentemos con ustedes y oremos por ustedes, y nos lamentemos por ustedes, todavía permanecen justo tan endurecidos, tan descuidados, y tan incautos como siempre lo han sido. ¡Oh, que Dios tenga misericordia de ustedes!, y los saque de este estado pernicioso, para que todavía puedan ser salvos. Oh Espíritu Santo, rompe esta endurecida calzada, y condúcela a producir abundante fruto.
Sin embargo, todavía no hemos completado el cuadro. El pasaje nos dice que las aves del cielo la comieron. ¿Hay algún hombre aquí, esta mañana, que sea uno de estos oyentes de junto al camino? Tal vez no tenía la intención de entrar, pero vio a una gran multitud junto al Strand, y pensó que entraría y pasaría la hora, y que tal vez oiría algo que no olvidaría de inmediato; pero cuando salga y vaya a casa, algunos viejos compañeros le propondrán que vayan de excursión esta tarde. Él acepta y esa pobre semilla que había caído en lugar poco propicio será devorada por las aves del cielo.
Hay suficientes malignos listos siempre a comerse esta buena semilla. Está el diablo mismo, ese príncipe del aire, listo en cualquier momento a arrebatar un buen pensamiento, o a sofocar una santa resolución. Y luego, el diablo no está solo: tiene legiones de ayudantes. Puede usar a la propia esposa de un hombre, a los propios hijos, puede poner contra ti ese trabajo tuyo, y cualquiera de ellos puede comer la buena semilla. Puede haber un cliente esperando a la puerta, y aunque no tienes deseos de atenderle hoy, tienes miedo de perderlo, y lo atiendes, y entonces la buena semilla se va, y todo su buen efecto es eliminado. Oh, es una tristeza agravada que la semilla celestial se vuelva alimento del diablo; que el grano de Dios alimente a los pájaros del diablo.
Permítanme dirigirme otra vez personalmente a ustedes, esta mañana. ¡Oh, mis lectores, si han oído el Evangelio desde su juventud, cuántas carretadas de sermones han desperdiciado! En sus días de juventud, oyeron al doctor Fulano de tal, y ¡cómo solía ese querido doctor orar por sus oyentes, hasta que sus ojos enrojecían por las lágrimas! ¿Recuerdan todos esos domingos cuando se decían a ustedes mismos: "quiero ir a mi aposento y caer de rodillas y orar"? Pero no lo hicieron; las aves del cielo comieron la semilla, y ustedes prosiguieron pecando al igual que lo hacían antes. Desde entonces, por un extraño impulso, muy raramente se ausentan de la casa de Dios; pero ahora las chispas del Evangelio caen en sus almas como si cayesen en un océano, en el que son apagadas para siempre. La ley puede tronar delante de ustedes, y aunque no la miran con desprecio, no les afecta nunca. Jesucristo puede ser alzado delante de ustedes; sus amadas heridas pueden ser exhibidas; la sangre derramada puede fluir delante de sus propios ojos, y pueden ser invitados con todo denuedo a mirarlo a Él y vivir; pero ahora se ha vuelto asunto de perfecta indiferencia para ustedes. No han dicho tanto con palabras: "si he de perderme, me perderé, y si he de salvarme, seré salvo"; no han llegado al punto de decir eso, pero han llegado a pensar eso, y ahora podemos hacer lo que queramos con ustedes, y lo que queramos por ustedes, pero no podemos penetrar sus espíritus empedernidos, y no podemos arrojar ningún pensamiento santo en sus corazones endurecidos. ¿Qué haré por ustedes? ¿Me pararé aquí y derramaré una lluvia de lágrimas sobre esta endurecida calzada? ¡Ay!, mis lágrimas no la traspasarían; está demasiado endurecida para eso. ¿Pasaré sobre ella el arado del Evangelio? ¡Ay!, el acero se rompería, pero la reja del arado no entraría. ¿Qué haré? Oh Dios, Tú sabes cómo hacer añicos el pedernal. Tú puedes derretir el apisonado corazón de piedra con la preciosa sangre de Jesús. Hazlo ahora, te suplicamos, para la alabanza y gloria de Su gracia, que la buena semilla viva todavía, y produzca esa cosecha celestial, deseada vivamente por el alma de Tu siervo, sin la cual él no puede vivir, pero con la cual se regocijará con gozo indecible y pleno de gloria.

una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron...
Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga."
Lucas 8: 4-8.
I. En primer lugar, entonces, voy a dirigirme a aquellos corazones que son semejante a la ubicación JUNTO AL CAMINO: "Una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron." Hay muchos de ustedes que no vinieron aquí esta mañana para recibir una bendición. No tenían la intención de adorar a Dios, o ser afectados por algo que pudieran oír. Son semejantes a una calzada que nunca estuvo diseñada para que fuera un campo de cultivo. Si un solo grano de la verdad cayera en su corazón y creciera, sería un milagro, una maravilla tan grandiosa como si el grano creciera en un área junto al camino hollado y apisonado.
Ustedes son los oyentes que están junto al camino. Si la simiente, sin embargo, es esparcida con destreza, parte de ella caerá sobre ustedes y permanecerá por un rato en sus pensamientos. Es verdad que no la entenderán, mas sin embargo, si es colocada delante de ustedes en un estilo interesante, se alojará por un breve tiempo. Mientras no los atraiga un entretenimiento más simpático, hablarán de las palabras que oyeron pronunciar al ministro de la verdad. Pero incluso este tenue beneficio es breve, pues en muy poco tiempo olvidarán qué tipo de personas son.
Quiera Dios que pudiera tener esperanza de que mis palabras se demoraran en ustedes, pero no podemos esperarlo, pues el suelo de su corazón está tan apisonado por el tráfico continuo, que no hay esperanza que la semilla encuentre un asidero duradero y vivo para sus raíces. Hay demasiado tráfico en sus almas que no permite que la buena semilla permanezca sin ser aplastada. El pie de Satanás está pasando siempre sobre su corazón, con su manada de blasfemias, lascivias, mentiras, y vanidades. Luego ruedan por su corazón los carros del orgullo, y los pies de las riquezas insaciables lo huellan, hasta que se vuelve duro y diamantino. ¡Ay de la buena semilla!, pues no encuentra un momento de respiro; las muchedumbres pasan y vuelven a pasar; de hecho, su alma es un Bolsa de Valores, a través de la cual continuamente atraviesan los ocupados pies de los mercaderes, que convierten a las almas de los hombres en una mercancía. Ustedes están comprando y vendiendo, pero poco piensan en que están vendiendo la verdad, y en que están comprando la destrucción de su alma; están ocupados aquí y allá acerca de este cuerpo, la cáscara de su humanidad, pero son negligentes en cuanto a esa cosa preciosa interna: su alma.
Dices que no tienes tiempo de pensar en la religión. No, el camino de tu corazón es una vía pública tan congestionada, que no hay espacio para que este trigo brote. Si comenzara a germinar, algún rudo pie aplastaría la verde brizna de hierba antes de que alcanzara algo parecido a la madurez. Ha habido ciertos momentos contigo cuando la semilla ha permanecido lo suficiente para comenzar a germinar, pero justo entonces había un lugar de diversión abierto, y entraste allí, y como con un talón de hierro, la chispa de vida que estaba en la semilla fue aplastada; había caído en el lugar incorrecto; había demasiado tráfico allí para que tuviera la posibilidad de crecer.
Durante la peste de Londres, cuando los hombres eran llevados a su hogar permanente en grandes multitudes, la hierba crecía en las calles; pero el trigo no crecía en Cornhill, independientemente de cuán excelente fuera la semilla que sembraras allí. Rebusca en el mundo, y no podrías comprar una semilla de trigo que floreciera donde continuamente transita tal cantidad de tráfico. Tu corazón es igual que una vía pública congestionada; pues hay tantos pensamientos, y afanes, y pecados; tanto orgullo, vanidad, maldad y pensamientos rebeldes en contra de Dios, continuamente transitando por ella, que la verdad es semejante a la semilla arrojada sobre la calzada; no puede crecer porque es aplastada; y si permaneciera por un momento, las aves del cielo vendrían y se la llevarían.
Ay, pero es un pensamiento muy triste, que si esparcieras semilla en la calzada, no es sólo el pie de un mal hombre el que impediría su crecimiento, sino que incluso el pie de un santo podría ayudar a destruir su vida. ¡Ay!, los corazones de los hombres pueden ser endurecidos, no meramente por el pecado, sino por la propia predicación del Evangelio. Existe tal cosa como el endurecimiento para con el Evangelio; es posible escuchar sermones hasta llegar al punto que tu corazón se torna muerto y endurecido e indiferente. Como el perro del herrero que está echado y duerme mientras las chispas vuelan alrededor de su hocico, así yacerás y dormirás bajo el martillo de la ley, mientras las chispas de la condenación vuelan a tu alrededor, sin que te espanten ni te asombren nunca. Ya has escuchado todo eso antes; te contamos una historia trillada cuando te advertimos de la ira venidera.
Los hombres que trabajan en las gigantescas calderas en las fábricas de Southwark, cuando entran por primera vez para sostener el martillo, quedan con sus oídos aturdidos por los golpes; luego no pueden oír ningún sonido; pero gradualmente, según me informan, se acostumbran tanto a ese terrible ruido, que podrían dormir en medio de la caldera mientras los otros trabajadores estuvieran aporreando y golpeando ese aparato, aunque sus reverberaciones son como el trueno más potente.
Así sucede con ustedes; un ministro tras otro ha hollado en la calzada de su alma, hasta que se ha tornado tan dura que, a menos que Dios mismo se agrade partirla en dos con un terremoto, o con una conmoción del corazón, no habrá nunca espacio para que la semilla del cielo se aloje allí. Su alma se ha vuelto como un camino asendereado, por el cual circula mucho tráfico.
Hemos observado esta dura franja junto al camino y ahora vamos a describir qué sucede con la palabra cuando cae sobre este corazón. No crece; habría crecido si hubiese caído sobre un buen suelo, pero está en el lugar equivocado, y permanece tan seca como cuando fue arrojada por la mano del sembrador. Su vida yace dormida, el germen de vida en el Evangelio se esconde, y se queda en la superficie del corazón, pero no entra nunca en él. Como la nieve, que cae algunas veces en nuestras calles y no se queda allí ni un instante, sino que cae sobre el húmedo pavimento y se disuelve y se evapora, lo mismo sucede con el hombre. La palabra no tiene tiempo de revivir a las almas de los oyentes casuales de ella. Se queda allí un instante, pero no comienza nunca a echar raíces, o a tener el menor efecto.
Pero, nosotros preguntamos, ¿por qué los hombres vienen a oír si la palabra nunca es vuelta útil para ellos, y no entra nunca en el corazón? Eso me ha desconcertado a menudo; hay algunos de nuestros oyentes que no se ausentarían un domingo por nada del mundo, y que parecen deleitarse mucho al venir con nosotros para adorar, pero la lágrima no ruede nunca por su mejilla; su alma no parece elevarse nunca al cielo en las alas de alabanza, y tampoco se unen verdaderamente a nuestras confesiones de pecado. ¿Piensan en algún momento acerca de la ira venidera o acerca del estado futuro de sus almas? Su corazón es de hierro; es como si el ministro predicase a un montón de piedras en vez de predicarles a ellos.
¿Qué trae a estos pecadores insensibles aquí? ¿Hablamos a frentes de bronce y corazones de acero? De verdad tenemos las mismas esperanzas de convertir a leones y leopardos como de convertir a estos indómitos corazones inconmovibles. ¡Oh sentimiento!, tú has huido a las bestias brutas y los hombres han perdido la razón. Yo supongo que estos hombres vienen a menudo porque es respetable hacerlo, y además, porque incluso les ayuda a endurecerse; si permanecieran alejados, la conciencia les remordería y habría un poco de vida en ellos; pero asisten para poder lisonjearse con el convencimiento de que, después de todo, están bien. No son irreligiosos, no ellos; no son desconsiderados con la casa de Dios ni con su siervo; ellos asisten para poder endurecerse, y ser más y más embrutecidos en su estado de pecado y de insensibilidad.
¡Oh mis lectores!, su caso puede hacer llorar a los ángeles; tener el sol del Evangelio brillando sobre sus rostros, y sin embargo tener ojos invidentes que no ven nunca esa luz. La música del cielo resuena dulcemente, pero sus oídos son sordos, y ni el más débil acento alcanza jamás su pobre espíritu; el ministro es para ustedes alguien que toca un fino instrumento, pero toca ante una estatua que no tiene oídos para oír. Pueden captar el giro de una frase, y pueden encontrarle el sentido a una metáfora, pero el significado oculto, está totalmente perdido para ustedes. Están sentados en el banquete de bodas, pero no comen de los exquisitos bocadillos, y no beben de sus vinos; oyen las campanas del cielo tocando a júbilo por los espíritus rescatados, pero ustedes mismos permanecen secuestrados, sin Dios, y sin Cristo. Están parados a la puerta de la senda estrecha, en la propia puerta, pero no entran por ella; están cerca de la casa de misericordia, y la puerta está entreabierta; se paran y a veces miran hacia adentro, pero no dan nunca el paso final y decisivo.
Aunque hagamos lo que podamos para exhortarlos, aunque argumentemos con ustedes y oremos por ustedes, y nos lamentemos por ustedes, todavía permanecen justo tan endurecidos, tan descuidados, y tan incautos como siempre lo han sido. ¡Oh, que Dios tenga misericordia de ustedes!, y los saque de este estado pernicioso, para que todavía puedan ser salvos. Oh Espíritu Santo, rompe esta endurecida calzada, y condúcela a producir abundante fruto.
Sin embargo, todavía no hemos completado el cuadro. El pasaje nos dice que las aves del cielo la comieron. ¿Hay algún hombre aquí, esta mañana, que sea uno de estos oyentes de junto al camino? Tal vez no tenía la intención de entrar, pero vio a una gran multitud junto al Strand, y pensó que entraría y pasaría la hora, y que tal vez oiría algo que no olvidaría de inmediato; pero cuando salga y vaya a casa, algunos viejos compañeros le propondrán que vayan de excursión esta tarde. Él acepta y esa pobre semilla que había caído en lugar poco propicio será devorada por las aves del cielo.
Hay suficientes malignos listos siempre a comerse esta buena semilla. Está el diablo mismo, ese príncipe del aire, listo en cualquier momento a arrebatar un buen pensamiento, o a sofocar una santa resolución. Y luego, el diablo no está solo: tiene legiones de ayudantes. Puede usar a la propia esposa de un hombre, a los propios hijos, puede poner contra ti ese trabajo tuyo, y cualquiera de ellos puede comer la buena semilla. Puede haber un cliente esperando a la puerta, y aunque no tienes deseos de atenderle hoy, tienes miedo de perderlo, y lo atiendes, y entonces la buena semilla se va, y todo su buen efecto es eliminado. Oh, es una tristeza agravada que la semilla celestial se vuelva alimento del diablo; que el grano de Dios alimente a los pájaros del diablo.
Permítanme dirigirme otra vez personalmente a ustedes, esta mañana. ¡Oh, mis lectores, si han oído el Evangelio desde su juventud, cuántas carretadas de sermones han desperdiciado! En sus días de juventud, oyeron al doctor Fulano de tal, y ¡cómo solía ese querido doctor orar por sus oyentes, hasta que sus ojos enrojecían por las lágrimas! ¿Recuerdan todos esos domingos cuando se decían a ustedes mismos: "quiero ir a mi aposento y caer de rodillas y orar"? Pero no lo hicieron; las aves del cielo comieron la semilla, y ustedes prosiguieron pecando al igual que lo hacían antes. Desde entonces, por un extraño impulso, muy raramente se ausentan de la casa de Dios; pero ahora las chispas del Evangelio caen en sus almas como si cayesen en un océano, en el que son apagadas para siempre. La ley puede tronar delante de ustedes, y aunque no la miran con desprecio, no les afecta nunca. Jesucristo puede ser alzado delante de ustedes; sus amadas heridas pueden ser exhibidas; la sangre derramada puede fluir delante de sus propios ojos, y pueden ser invitados con todo denuedo a mirarlo a Él y vivir; pero ahora se ha vuelto asunto de perfecta indiferencia para ustedes. No han dicho tanto con palabras: "si he de perderme, me perderé, y si he de salvarme, seré salvo"; no han llegado al punto de decir eso, pero han llegado a pensar eso, y ahora podemos hacer lo que queramos con ustedes, y lo que queramos por ustedes, pero no podemos penetrar sus espíritus empedernidos, y no podemos arrojar ningún pensamiento santo en sus corazones endurecidos. ¿Qué haré por ustedes? ¿Me pararé aquí y derramaré una lluvia de lágrimas sobre esta endurecida calzada? ¡Ay!, mis lágrimas no la traspasarían; está demasiado endurecida para eso. ¿Pasaré sobre ella el arado del Evangelio? ¡Ay!, el acero se rompería, pero la reja del arado no entraría. ¿Qué haré? Oh Dios, Tú sabes cómo hacer añicos el pedernal. Tú puedes derretir el apisonado corazón de piedra con la preciosa sangre de Jesús. Hazlo ahora, te suplicamos, para la alabanza y gloria de Su gracia, que la buena semilla viva todavía, y produzca esa cosecha celestial, deseada vivamente por el alma de Tu siervo, sin la cual él no puede vivir, pero con la cual se regocijará con gozo indecible y pleno de gloria.
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