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1/17/2009

Avivamiento espiritual, La necesidad de la Iglesia

Por Charles Spurgeon

“Oh Jehová, aviva tu obra, en medio de los tiempos” Habacuc 3:2

Primero, amados, confiando en que el Espíritu de Dios me ayudará, me dedicaré a aplicar el texto a nuestra alma de forma personal, y luego al estado de la iglesia en forma extensa, porque de cierto necesita que el Señor avive Su obra en media de ella.

Primero entonces a NOSOTROS MISMOS.
Debemos empezar en el hogar. Muy frecuentemente queremos castigar a la iglesia, cuando la disciplina debería ser puesta sobre nuestros propios hombros. Vestimos a la iglesia como a un reo, la llevamos a juicio y queremos ejecutar sentencia sobre ella; le amarramos las manos, y despellejamos su temblorosa carne – encontrando faltas en ella cuando no la hay, y magnificando sus pequeños errores; cuando nosotros con demasiada frecuencia olvidamos los nuestros. Entonces, empecemos con nosotros mismos, recordando que somos parte de la iglesia, y que nuestra propia necesidad de avivamiento personal es la causa en gran medida del avivamiento en la iglesia en mayor escala.

Ahora, yo responsabilizo directamente a la gran mayoría de los cristianos profesos – y me responsabilizo a mí mismo también – con la necesidad de un avivamiento de piedad en estos días. Creo que la gran masa de cristianos en esta edad necesita un avivamiento, y mis razonamientos son estas:
En primer lugar, miremos la conducta y conversación de muchos de los que profesan ser hijos de Dios. Es muy dañino para un hombre que ocupa el sagrado lugar de un púlpito adular a sus oyentes, y por lo tanto no haré tal cosa.
Se ha vuelto muy común en estos días unirse a una iglesia; ir donde se encuentren Cristianos profesos y sentarse a la mesa del Señor, ya sea aquí o allá; pero ¿hay menos engaños de los que había antes? ¿Se cometen menos fraudes? ¿Se nota un mayor grado de moralidad? ¿Será que los vicios ya casi se han eliminado? No, no es esto lo que vemos. Esta época es tan inmoral como cualquier otra anterior a ella; todavía hay mucho pecado, aunque talvez esté tapado o escondido. La parte externa del sepulcro puede ser que esté más blanca; pero por dentro; los huesos están tan carcomidos como antes.

1/10/2009

Todo el que pide recibe por Charles Spurgeon


Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:8

No se hallará en el día final de la rendición de cuentas una sola alma que pueda decir: "Llamé a la puerta de la misericordia, pero Dios se negó a abrirla." No habrá una sola alma que se pueda poner de pie ante el gran trono blanco y pueda reclamar: "Oh Cristo, yo habría sido salvado por ti, pero tú no me quisiste salvar. Me puse en tus manos, pero me rechazaste. Arrepentido pedí que tuvieras misericordia de mí, pero no la obtuve." Todo el que pide recibe. Ha sido así hasta el día de hoy, y será así hasta que Cristo venga. Si tienes dudas, haz la prueba, y si ya has probado, prueba nuevamente. ¿Estás vestido de harapos? No importa, todo aquel que pide recibe. ¿Está inmundo por el pecado? No tiene importancia, Todo el que busca, encuentra." ¿Te sientes como si estuvieras del todo destituido de Dios? Tampoco importa," llamad y se os abrirá, porque todo el que pide recibe." "¿No hay alternativa allí?" Sin duda la hay, pero ello no altera esta verdad que no tiene límite alguno; "todo el que." ¡Qué rico es este texto!" "Todo el que pide, recibe.

10/15/2008

Cuando tú oras hay uno más Poderoso que tú que está orando contigo
Por Charles Spurgeon

…el que también intercede por nosotros. Romanos 8:34

Escuchad al pecador que clama: "Dios sé propicio a mí pecador." ¡Oíd! ¿Oís el otro clamor que sube con el suyo? No. No podéis oírlo, porque vuestros oídos están embotados y tardos, pero Dios lo oye. Hay otra voz, mucho más fuerte y más fuerte y más dulce que la primera, y mucho más prevaleciente que sube al mismo tiempo y ruega: "Padre, perdónales por mi sangre preciosa." El eco del murmullo del pecador es tan majestuoso como el trueno. Nunca el pecador ora verdaderamente sin que Cristo ore al mismo tiempo. No lo puedes ver ni oír, pero Jesús jamás agita las profundidades de tu alma por su Espíritu sin que su alma también sea agitada. ¡Oh, pecador! cuando tu oración llega delante de Dios, es algo muy diferente de lo que era cuando salió de ti.
Hay gente pobre que a veces viene a nosotros con peticiones que desean enviar a alguna Compañía o gran Personaje. Traen su petición y nos piden que la presentemos por ellos. Está malamente escrita, con letra muy extraña, y podemos sólo imaginar lo que quieren decir, pero de todos modos basta para darnos a conocer lo que quieren. En primer lugar, hacemos una copia en limpio para ellos, y luego, habiendo planteado su caso, ponemos nuestro nombre al pie, y si tenemos alguna importancia, ellos obtienen lo que desean por el poder del nombre que firma al pie de la petición. Es exactamente esto lo que Jesús hace con nuestras pobres oraciones. Hace una copia en limpio, le pone el sello de su sangre expiatoria y su firma al pie, y así la hace llegar ante el trono de Dios. Es tu oración, pero también es Su oración, y es el hecho de ser su oración lo que la hace prevalecer.