5/06/2009

“…haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia.” Óseas 10:12


Charles Finney
Los judíos eran una nación de agricultores, y por esto es muy común en las Escrituras que se mencionen ilustraciones espirituales con tal ocupación, y escenas diarias que agricultores y pastores de ese entonces encontraron. El profeta Óseas les habló como quién le habla a una nación rebelde; les reprendió por su idolatría y les avisó de los juicios de Dios.

El barbecho es la tierra que anteriormente se cultivaba, pero en el momento actual está en desuso y necesita laboreo y ablandamiento, para prepararla para la siembra. Ahora se va a relacionar y a enseñar, en cuanto al avivamiento en la iglesia:

1. ¿Qué quiere decir ‘barbechar’, en el contexto del versículo?

2. El cómo se debe cumplir.



1. ¿Qué es el hacer barbecho?
Barbechar es quebrantar los corazones de la humanidad,preparando sus mentes para llevar fruto a Dios. La mente humana muchas veces se compara en la Biblia con la tierra, y la Palabra de Dios con la semilla echada allí. El fruto representa las acciones y voluntades de los que han recibido la semilla. Entonces, hacer barbecho quiere decir cambiar la mente a tal estado que ella esté dispuesta a recibir la Palabra. A veces los corazones se vuelven tan duros, secos y estériles que no se puede de ninguna manera cosechar frutos en los mismos hasta que se quebranten, se ablanden y cambien para recibir la Palabra de Dios. A este ablandamiento de corazón, para hacerlo sentir la verdad, le llama el profeta ‘hacer barbecho’.

2. ¿Cómo se hace el barbecho?
En el sentido espiritual, no se hace barbecho con esfuerzos carnales, tratando de sentir euforias. Algunos yerran en esto, no considerando bien las leyes que gobiernan la mente. Hay grandes ideas equivocadas en cuanto a estas mismas leyes. Hay los que hablan de sentimientos religiosos como si pudieran, por su propio pensar, traerse a sí mismos aficiones religiosas. Pero la mente no actúa así. Nadie en sí mismo puede sentir buenas aficiones por el mero esfuerzo de la mente. No podemos alcanzar las reales emociones religiosas por nuestra propia voluntad. Sería igual a tratar de llamar a los espíritus del abismo. Las aficiones religiosas son estados involuntarios de la mente. Por naturaleza y necesidad existen las mismas en la mente, sintiéndose bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, estas aficiones, sí, pueden controlarse indirectamente. Si no, no tuviésemos el carácter moral en las emociones, si no hubiera una manera de controlarlas.

En el sentido espiritual, no podemos decir, “Bueno, ahora voy a sentirme así y así, en cuanto a tal objeto.” Pero, sí, podemos prestar atención a tal objeto, y mirarlo fijamente, hasta que se levanten las aficiones involuntarias. Por ejemplo, un hombre alejado de su familia, al mencionarle algo acerca de sus amados, ¿no sentirá afectos? Pero no es solamente por decir, “voy a sentir afectos por mi familia.” [La diferencia está en fijarse en el objeto o en la sola emoción.] Uno puede fijar su atención en cualquier objeto, del cual quiere tener sentimientos, y entonces se restablecerán las debidas emociones. Si uno fija su mente en su enemigo, emociones de enemistad se levantarán por naturaleza. Igualmente, al fijarse en Dios, en Su carácter, uno sentirá algo especial…¡le vendrán emociones! Así es la ley de la mente—fijándose en algo, vendrán los sentimientos; no vendrán los mismos por desear tenerlos nada más.

Si un hombre es amigo de Dios, contempla a Dios como un Ser lleno de gracia y santo, y, como resultado, al reflexionar en Dios, vendrán a su mente emociones de amistad. Si un hombre es enemigo de Dios, al reflexionar acerca de él, le vendrán sentimientos de enemistad. O, quizá se quebrantará y se rendirá su corazón a Dios.

Todo esto se le dice al lector para hacerle comprender que el avivamiento no viene por fijarse en el tener excelentes emociones religiosas.

Si quieres hacer barbecho en tu corazón, y hacer que tu mente sienta algo en cuanto a la religión, tienes que poner en obra la ley de la mente. En vez de ocupar tu mente en cualquier otro asunto, (pensando que al asistir a unas reuniones tus sentimientos serán movidos, y que tú serás hecho santo), ponte en la búsqueda de la religión como lo haría cualquier otro pecador. Es tan fácil sentir en tu mente las emociones religiosas, igual que las que se sienten en cuanto a otros asuntos. Dios ha puesto tales estados de la mente en tu control—sigue la ley de las emociones, fijándote en el objeto, no en las emociones. Si la gente había pensado de igual modo en mover sus cuerpos, como piensan en mover sus emociones religiosas, ¡nadie hubiera podido llegar a esta reunión para escuchar la predicación! Habría pensado que debía fijarse en el cómo se sentiría ir a la reunión, en vez de simplemente hacerlo.

Si realmente tienes ganas de hacer barbecho en tu corazón, tienes que empezar a escudriñarlo— examinando y notando el estado de tu mente. ¿Dónde estás espiritualmente? Parece que muchos no piensan en tal cuestión. No toman en cuenta sus propios corazones, nunca saben si están andando bien o no; si están avanzando o retrocediendo; si están dando frutos o están estériles, como tierra en desuso. Ahora mismo tienes que darte cuenta de esto, y poner a un lado tus demás pensamientos. Hazlo con sinceridad. No lo hagas por necesidad. Examina por completo el estado de tu corazón— ¿dónde estás? ¿Caminando al lado de Dios cada día o con el diablo? ¿Estás bajo el dominio del príncipe de las tinieblas o bajo el dominio del Señor Jesucristo?

Para cumplir este examen, tienes que ponerte al trabajo con propósito, considerando tus pecados. Tienes que escudriñarte a ti mismo. No digo que tienes que pararte y mirar el estado presente de tus sentimientos. Si haces esto, se van a parar todos tus sentimientos. Sería igual a un hombre que cierra sus ojos, y luego trata de mirar adentro de sí— ¡no verá nada! ¿Por qué? Porque ya no mira los objetos reales. Podemos estar conscientes de nuestros sentimientos si actuamos con naturalidad. Son el producto de las acciones.