6/28/2013
Dios llama a su Siervo Yiye Avila
José Joaquín Ávila Portalatín, conocido como Yiye Ávila falleció el día de hoy, así lo ha confirmado la Junta Administrativa y su presidente el Hno. Tommy Figueroa quien publicó desde el Facebook oficial de Ávila: “Nuestro Hno. Evang. Yiye Avila está hoy caminando por las calles de oro. El siervo ha partido a morar con el Señor”.
El diario dominicano el Nuevo Día también confirmó la muerte del evangelista a través de la pastora Wanda Rolón quien explicó: “Murió súbitamente. Es una pérdida para todo el mundo. El hombre alcanzó millones de personas por su testimonio”.
“Estaba delicadito de salud, había sufrido algunos derrames cerebrales, pero dentro de todo estaba activo en el ministerio. Era un hombre jovial, alegre y feliz. Todos sentimos la pérdida”, dijo Rolón resaltando que el evangelista que tenía 88 años falleció mientras dormía a eso de las 9: 30 de la mañana de hoy.
“No unimos ante el dolor de la perdida de Nuestro Padre Espiritual y Mentor el Hermano Evangelista YIYE AVILA. Es un momento de mucho dolor pero tenemos la certeza de Hay fiesta en los Cielos!!!!!! Descansa en PAZ… PAPA YIYE AVILA”, dijo la pastora Rolón.
(NoticiaCristiana.com).
6/04/2013
Roberto Moffat fue uno de los primeros misioneros al África
Roberto Moffat fue uno de los primeros misioneros al África. Nació de padres muy pobres en Ormiston, Escocia, en 1795. En el hogar se le enseñó las materias regulares de la escuela, y también a tocar el violín.
Cuando Moffat dejaba el hogar paterno, su padre le dijo las siguientes palabras de despedidas, las cuales jamás se le olvidaron: "Trabaja duro, Roberto, y sigue estudiando". Tal consejo llegó a ser una especie de desafío para Roberto, y procuró cumplirlo en todo lo que hacía. Su madre también le dijo unas palabras de despedida inolvidables: "Lee un capítulo de la Biblia todos los días por la mañana, y otro por la tarde".
Las posibilidades educativas eran limitadas y por eso tuvo que conformarse en su juventud con aprender jardinería. Tras terminar su aprendizaje se fue a Inglaterra, donde fue ganado para Cristo por los esfuerzos de los metodistas wesleyanos.
Todo eso le sería de mucho provecho, posteriormente, en el campo misionero.
A poco de haberse convertido,Mientras estaba en Warrington vio un cartel anunciando una reunión pública sobre misiones,se interesó en las misiones; allí, con un ardiente deseo de servir a Dios, sintió su llamado a llevar el evangelio a los paganos, y solicitó admisión en la Sociedad Misionera de Londres. No pudo ser admitido, debido a su limitada educación formal. Sin embargo, después de recibir algo de instrucción especial, fue aceptado, y fue enviado a la Ciudad del Cabo, África del Sur.
En 1816, después de un peligroso y largo viaje por mar, Roberto Moffat llego finalmente a la tierra en donde iba a pasar casi toda su vida. Habiendo arribado al país, luego atravesó casi mil kilómetros tierra adentro, en una carreta tirada por bueyes. Esto quiere decir que tuvo que cruzar muchos ríos y pantanos; lo cual juntamente con el intenso calor, y la posibilidad de ser atacado por bestias salvajes, hizo que el viaje fuera en extremo peligroso. Pero él sabía que Dios lo había llamado a aquella tierra, y nada iba a desalentarlo o hacerlo desistir de seguir el viaje. Lo acompañaba un grupo de nativos, los cuales le enseñaron el idioma de aquel lugar.
En 1817 partió hacia Namaqualand, en donde vivía un celebre bandido, llamado Afrikaner. Para sorpresa de todos, Roberto Moffat ganó al temido bandido para Cristo. Afrikaner murió poco después, pero la historia de su conversión ha sido, desde aquel día, un testimonio vibrante de la obra de la gracia en el campo misionero.
En cierta ocasión predicando en Matabele sus oyentes, al escucharle hablar de la resurrección de los muertos, se quedaron petrificados por el terror:
"No nos hables -le dijo el rey- de estas cosas, no puedo soportar pensar que todos los hombres a los que he matado se levantarán de la muerte."
Durantes sus jornadas de tribu en tribu, Moffat a notar que los ancianos a menudo eran tratados con suma crueldad. A veces se les dejaba abandonados en el desierto, con alimentos suficientes para una sola comida. Fue por medio de la enseñanza de Moffat, que los africanos aprendieron a cuidar de sus ancianos.
Después de haber estado un año en la obra, Moffat envió a traer desde Londres a María Smith, su prometida. Se casaron, y durantes los siguientes cincuentas años, Marí de Moffat ayudó a su esposo en la obra misionera. Dios bendijo el matrimonio dándoles una nenita. Lejos estaba de imaginarse que aquella pequeña damita, andando el tiempo, llegaría a casarse con David Livingstone, el gran misionero y explorador de África.
Un día, en uno de sus viajes, se encontró con un grupo de hombres que estaban cavando una sepultura, en donde iban a enterrar a una mujer que acababa de morir. La difunta había dejado a dos hijos muy pequeños. La sorpresa y el horror de Moffat fueron enormes, al enterrarse de que los nativos iban a sepultar a los niños juntamente con la madre muerta. De inmediato se hizo cargo de los niños, haciéndolos parte de su propia familia.
Después de muchos años de ardua labor, el ministerio de Roberto Moffat empezó a rendir resultados fue el escalón que otros usaron para esparcir el evangelio por el "continente negro". Él abrió muchas bases misioneras y anduvo esparciendo la semilla en un área de varios cientos de kilómetros cuadrados, y hubieron más convertidos. Por tal razón, puso manos a la tarea de poner por escrito el idioma de los nativos a la lengua de los bechuanos. Cuando por fin completó la compilación del vocabulario, empezó a traducir el Nuevo Testamento.
Marcos 3:31-35 en la lengua joisana !kung
Esta fue una labor larga y lenta. En ese tiempo María se enfermó gravemente, y tuvieron que regresar a Ciudad del Cabo. Estando allí, Moffat decidió que debía imprimir su traducción. Cuando dirigió la solicitud al gobierno, las autoridades correspondientes le dijeron que podrían a su disposición las prensas, pero no los impresores. Moffat no se amilanó, sino que, con la ayuda de un amigo, empezó a aprender el arte de la imprenta. Con mucho esmero compuso los tipos, colocando letra por letra, individualmente, en su lugar.
Así pudo darle a los africanos, en su propio idioma, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, y también la historia El Progreso del Peregrino. Además, compiló un himnario, y escribió dos libros misioneros sobre el África del Sur.
Un día, mientras observaba a un grupo de personas, Moffat notó que los maestros nativos usaban música para enseñar el alfabeto. La tonada era la de un canto escocés tradicional, la cual repetía vez tras vez, haciendo concordar las notas con las letras del abecedario.
La obra de Roberto Moffat fue creciendo cada día más, y con ello su fama se extendía igualmente. Empezó a recibir invitaciones de aldeas, en todas partes del continente, de parte de personas que pedían que llegara para traerles el mensaje de Dios. Los ejemplares del Nuevo Testamento llegaron a tener aún más importancia para alcanzar a la gente para Cristo.
Después de muchos años en África del Sur, Roberto y María decidieron regresar a su tierra, para descansar un poco. Al llegar a Inglaterra en 1839, hallaron de todo, menos el descanso que buscaban. La fama del misionero se había extendido por toda Inglaterra. Roberto dirigió muchísimas reuniones, atendiéndolas conforme le llegaban las invitaciones. Aunque esto le resultaba agotador, sin embargo, al mismo tiempo, le proveía de muchas oportunidades para interesar a la gente en la causa de las misiones africanas.
Mientras estaba en Inglaterra conoció a David Livingstone, un joven creyente, que también tenía interés en las misiones.
"¿A dónde piensas ir?", le preguntó Moffat.
"A la China", contestó Livingstone.
"¿Por qué a la china?. Preguntó Moffat.
Luego comenzó a hablarle sobre las necesidades en el África. Le explicó que él mismo, como misionero de mayor edad, podría indicarle el sendero, pero que tocaría a los más jóvenes caminar por esa senda y proseguir con la obra. Pocos meses después, Livingstone se embarcó hacia el "continente negro", para empezar su obra misionera.
Cuando Moffat y su esposa regresaron al campo misionero se enteraron de que David Livingstone había sido atacado por un león, habiendo quedado con el brazo izquierdo seriamente lesionado. Livingstone fue llevado al hogar de los Moffat, y la joven María, la hija, se encargó de cuidarlo. Algunos meses después, una vez que David se hubo recuperado, se casó con María, y se fueron hacia el norte del continente, para realizar allí su labor misionera.
Roberto Moffat y su esposa tenían por delante muchos días trágicos. Primeramente falleció su hijo mayor. Poco después, David Livingstone les mandó a contar que María, su esposa había fallecido como consecuencia de la fiebre. Sin embargo, a pesar de numerosos contratiempos, los Moffat siguieron adelante en su obra de evangelismo y traducción.
Roberto Moffat tenía, para entonces, más de sesenta años, y se sentía muy cansado. Un día predicó su último sermón en la pequeña capilla que había ayudado a construir en la aldea; y luego, con su esposa, emprendió el largo viaje a Inglaterra, en 1870. al año siguiente, María de Moffat se fue para estar con el Señor. El anciano misionero quedó muy triste por la muerte de su esposa; sin embargo, continuó promoviendo las misiones el resto de su vida. Levantó fondos para un seminario donde los nativos pudieran prepararse para ser misioneros entre su propio pueblo,y Siguió escribiendo, dando conferencias, y predicando, hasta bien entrado en sus ochentas. En 1872, la Universidad de Edimburgo le otorgó el título honorario de Doctor en Divinidades.
Una noche, sentado en su cama, tomó su reloj y le dio cuerda. "Esta será la última vez", dijo. Y así fue. Al día siguiente, el 10 de agosto de 1883, a la edad de ochenta y ocho años, Roberto Moffat se fue para estar con el Señor. Había acabado su obra en África y en Gran Bretaña.
8/07/2012
IGLESIAS EVANGÉLICAS ACUERDAN CON EL GOBIERNO NUEVO TRATO TRIBUTARIO
Secretaría General de la Presidencia y el Ministerio de Hacienda acordaron redactar nuevamente la circular del Servicio de Impuestos Internos, donde se confirma la exención tributaria para el sector.
El Gobierno alcanzó un acuerdo en la mesa de trabajo que ejecutó junto a las Iglesias Evangélicas sobre el problema de interpretación de la Circular N° 9 del Servicio de Impuestos Internos (SII), sobre el tratamiento tributario de las entidades religiosas.
6/22/2012
6/11/2012
Clive Staples Lewis es un Hereje (C.S. Lewis) y Las Crónicas de Narnia
C. S. Lewis, el autor de Las crónicas de Narnia, quien era conocido como Jack, nació en 1898 y murió en 1963. Hoy es extremadamente popular entre los cristianos evangélicos. La mayoría de las librerías cristianas que venden los libros de Lewis, lo hacen sin una sola palabra de advertencia. Una encuesta llevada a cabo en 1998 por la revista Christianity Today, catalogó al señor Lewis como el escritor evangélico más influyente de la actualidad.
La edición de diciembre de 2005 de Christianity Today,exhibe una fotografía del señor Lewis en su portada, y casi todos los artículos están dedicados a este hombre. La portada se titula C. S. Lewis, Súper-estrella. En un artículo publicado en la edición del 7 de septiembre de 1998, para conmemorar los cien años de su nacimiento, el señor James I. Packer, editor en jefe de Christianity Today le llama «nuestro santo patrono», agregando que Lewis «se ha convertido en el Tomás de Aquino, el Agustín y el Esopo del evangelismo contemporáneo». En la edición del 23 de abril de 2001 de ChristianityToday, la revista una vez más le alabó llamándole «El apologista cristiano más grande del siglo veinte».
Él escribió varios libros de mitos, tal como Las crónicas de Narnia, la cual Christianity Today recomienda con los términos más elogiosos, asegurando que «Cristo vino no para ponerle fin al mito, sino para tomar todo eso que es más esencial en el mito para sí mismo, y hacerlo real». Yo realmente ni siquiera entiendo lo que quieren decir con esto, excepto que carece por completo de sentido.
Charles Colson, uno de los principales promotores del movimiento Evangélicos y Católicos Unidos, dice que el señor Lewis fue uno de los que más influyó en él para que integrara este movimiento y que Billy Graham, fue otro. De hecho, el señor Colson dice en la página 36 de su libro Misión común, «que este movimiento busca continuar el legado de Clive Staples Lewis al centrarse en el núcleo de creencias de todos los cristianos verdaderos».
Sin embargo, cuando uno se dedica a investigar la vida del señor Lewis, descubre que es tan popular entre los católicos como lo es entre los evangélicos. Era miembro de la iglesia anglicana de Inglaterra, cuya historia se basa en gran manera en su compromiso teológico con Roma. Pero... ¿Era el señor Lewis un creyente fiel? ¿Creía en la Biblia? ¡No exactamente! Incluso hasta la propia revista Christianity Today admite, en su edición de diciembre de 2005, que «Clive Staples Lewis no era otra cosa que un evangélico clásico (nominal), social y teológico.
Fumaba cigarrillos y pipa y visitaba regularmente los bares y cantinas para beber cerveza con sus amigos. Aunque compartía creencias básicas con los evangélicos, no creía en la infalibilidad de la Biblia, ni en la substitución penal (es decir que Cristo pagó el castigo que nosotros merecíamos). Creía en el purgatorio y la regeneración bautismal».
Lewis creía en las oraciones por los muertos y en el purgatorio y le confesaba sus pecados regularmente a un sacerdote. En las páginas 198 y 301 del libro C. S. Lewis: Una biografía, dice que el 16 de julio de 1963 le fue administrado el sacramento católico de la extremaunción. Lewis negaba la depravación total del hombre y la suficiencia del sacrificio de Cristo en favor nuestro. Creía en la evolución teísta y rechazaba la Biblia como la Palabra infalible de Dios. Enseñaba que el infierno es un estado de la mente.
En las páginas 64, 208 y 209 de su libro El simple cristianismo Lewis aseguraba que los seguidores de las religiones paganas pueden ser salvos sin fe personal en el Señor Jesucristo. Lewis nunca dio un testimonio bíblico claro del nuevo nacimiento y aseguraba que era innecesario tener fe en la sangre de Cristo. En su libro El simple cristianismo, explica sus puntos de vista sobre la salvación, asimismo en su biografía Sorprendido por el gozo. En ninguno de los dos libros ofrece un testimonio transparente del nuevo nacimiento. En cuanto a la fe en la sangre de Cristo, Lewis afirmó «que no es una parte esencial del cristianismo».
En la página 182 del libro mencionado enseña que no importa cómo uno defina la expiación, porque no creía en el sacrificio expiatorio de sangre. Todo esto simplemente es herejía. El señor Lewis erróneamente aseguró que no importa si una persona cree que es lavada en la sangre de Cristo, porque es una simple“fórmula” que puede ser aceptada o rechazada a voluntad. Declaró que da lo mismo creer o no creer «que el Padre nos ha perdonado porque Cristo hizo por nosotros, lo que nosotros debíamos haber hecho». Tal cosa es una salvación sin sangre por medio de la vida de Cristo, en lugar de serlo a través de Su cruz, y según la Biblia no es salvación de ninguna clase.
La “sangre” está mencionada más de 90 veces en el Nuevo Testamento, y eso no es accidente: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Si Jesús hubiera vivido una vida perfecta en lugar nuestro y hubiera muerto sin derramar su sangre por nosotros, nosotros no seríamos salvos. Lewis dijo en las páginas 54, 55 y 56 de su libro El simple cristianismo: «La creencia central del cristianismo es que la muerte de Cristo de alguna forma nos justificó con Dios y nos da un nuevo comienzo. Las teorías acerca de cómo hizo esto, ya son otro asunto... Cualquiera teoría que desarrollemos acerca de cómo la muerte de Cristo hizo todo esto, de acuerdo con mi punto de vista es algo completamente secundario».
¡Esta es una enseñanza contraria a la Escritura! Dios reveló exactamente lo que hizo Cristo y lo que significa «expiación». No se trata de teorizar o creer en una “fórmula” en contra de otra. La Biblia dice que nuestra salvación es un asunto de propiciación, un rescate, por medio del cual nuestros pecados fueron lavados por la sangre de Cristo. La salvación requería tanto la muerte de Cristo como el derramamiento de su sangre. Lewis nunca menciona la doctrina de la propiciación, pero la propiciación era una parte necesaria de nuestra salvación y la propiciación se hacía con sangre.
Propiciación significa «satisfacción, cubrir, el cumplimiento de una demanda». Se refiere a que Dios tuvo en alta estima el sacrificio de Cristo, que quedó completamente satisfecho con lo que hizo el Señor Jesucristo en la cruz. El castigo que merecía el hombre por haber quebrantado su ley fue satisfecho: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”(Ro. 3:24, 25). “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:2). “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).
La palabra griega que se traduce como “propiciación” en Romanos 3:25 también se traduce como “propiciatorio” en Hebreos 9:5. El propiciatorio cubría perfectamente la ley, la cual estaba contenida en el arca. El hecho que Cristo cubriera las demandas de la ley de Dios simboliza propiciación. La sangre de Cristo que satisfizo esta demanda y quitó nuestros pecados estaba representada en el día de expiación cuando el sumo sacerdote rociaba sangre sobre el propiciatorio (Lv. 16:11-17). Por medio de la sangre de Cristo tenemos redención eterna: “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (He. 9:12).
Como ya hemos visto, el señor Lewis no creía en la infalibilidad de la Biblia, nunca dio un testimonio claro de la salvación, predicó herejías, era un hombre mundano y se advierte una influencia pagana masiva en sus escritos. Pese a todo, varias organizaciones evangélicas tales como Christianity Today y Focus in the Family, entre otras, están ofreciendo cursos acerca de «Cómo encontrar a Cristo en las crónicas de Narnia», cursos que ya se están enseñando en muchas iglesias en Estados Unidos. Pero entonces... ¿Por qué los evangélicos hoy están tan enamorados con Clive Staples Lewis? Creo que estas son algunas de las principales razones:
• A los nuevos evangélicos les encanta C. S. Lewis porque se sienten orgullosos de su intelecto y Lewis definitivamente era un intelectual. Tenía casi memoria fotográfica. Estudió filosofía, artes clásicas e inglés en la Universidad de Oxford. Era uno de los más grandes expertos de su tiempo en literatura inglesa y el principal catedrático en literatura medieval y del renacimiento en la Universidad de Cambridge. Siendo que los nuevos evangélicos adoran el intelectualismo, no asombra entonces que lo hayan escogido como “su santo patrono”.
• Los nuevos evangélicos aman a C. S. Lewis por su pensamiento ecuménico y su rechazo a practicar la separación. Esto lo admite la revista Christianity Today.
• Los nuevos evangélicos aman a Lewis por su simpatía hacia Roma. ¿Acaso no firmaron «Católicos y evangélicos unidos (solo un grupo de Evangélicos Firmo), la misión para el tercer milenio?» Incluso, otros que no se atreven a tanto, usualmente hablan de los errores de Roma en términos suaves, sin mencionarla por lo que realmente es: la institución del Anticristo. Como ya hemos visto, C. S. Lewis consideraba a la Iglesia Católica Romana como cristiana, y anhelaba la unidad entre el protestantismo y el romanismo. Sus amigos más íntimos eran católicos, tal como J. R. Tolkien, el autor del Señor de los anillos, Lewis le daba crédito a Tolkien por haber influido en gran manera en su “conversión”.
Conclusión
Mientras el cristianismo liberal y muchas veces nominal se goza por tener entre sus favoritos a un hombre tan brillante como lo fuera Clive Staples Lewis. ¿Cómo es posible que muchos ministros, conocedores de las Escrituras, se dejen seducir tan fácilmente por un individuo que tan abiertamente niega las doctrinas fundamentales de la Biblia? Vivimos en tiempos cuando a nuestro Señor Jesucristo pretenden convertirlo en un personaje mitológico, es decir, que da igual creer en él tal como siempre hemos creído, o confundirlo con brujos y brujas.
La tal “Bruja Blanca” aparece una y otra vez en sus historietas de ficción, las que se han transformado prácticamente en escritos “teológicos”. Por lo visto ahora ya no debemos depender del Espíritu Santo en lo que a las Sagradas Escrituras se refiere. Es mucho mejor depender de historietas mitológicas donde Jesús mismo es confundido con personajes irreales.
Nos damos cuenta además, que en estos últimos años, los libros y películas que mayor ingreso monetario reportan, son los que con mayor astucia desplazan al Señor para elevar en su lugar a personajes sacados del paganismo del pasado lejano. ¡Y pensar que el señor Lewis es considerado por muchos pastores contemporáneos como un gran “hombre de Dios”! Cuán cierto es el dicho que un ciego no puede guiar a otro ciego.
Pero... ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante este asalto tan astuto en contra de la verdad? Pablo se encargó de advertirnos de lo que viviríamos cuando dijo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Ti. 4-1-5). Si tuviera que aconsejar a un pastor joven, le hablaría del peligro citando los versículos 3 y 4 y le recomendaría aplicar el versículo 5. Si mantenemos nuestra mirada fija en Cristo y reconocemos la suficiencia de las Escrituras, nunca seremos desviados.
Lewis murió en 1963, pero Satanás permitió que su fortuna fuese abundante, incluso muchos años más tarde. Por lo visto cuando este caballero vivía aún, su “evangelio” convertido en fábula no tenía mucho éxito. Pero pasarían algunas décadas y entonces sí, la fortuna diabólica de sus “herederos” crecería como una masa leudada y tendría un atractivo como pan caliente. Las ventas de sus libros se habían elevado a dos millones de dólares para el año 1977. Pero mientras tanto se han vendido más de 100 millones de ejemplares solo de Las Crónicas de Narnia en más de 40 idiomas.
Pablo habla también de quienes “Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Ti. 1:7). “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1). Si fueran inspiración de C. S. Lewis, no tendrían tanta influencia, ni sus libros ni ahora su película. Es un hecho que quienes no desean servir al Señor se postrarán, más tarde o más temprano, ante la tiranía de los demonios.
Por favor note lo que Pablo dice en 1 Timoteo 6:3-5: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”. Los cristianos que realmente aman al Señor y creen que la Biblia es la infalible Palabra de Dios, deben aplicar lo que aconseja el apóstol: “Apártate de los tales”.
Pero estas no son las únicas advertencias, notemos lo que el apóstol Pedro nos dice en 2 Pedro 2:13: “Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores”.
Si piensa que C. S. Lewis era un cristiano bíblico y auténtico, entonces debo decirle que usted tampoco conoce bien al salvador llamado Jesús. Él dice que él mismo es “el camino, y la verdad, y la vida”. Luego Jesucristo agrega que “...nadie viene al Padre, sino por mí”.
Llegamos a la conclusión que entre Lewis y Jesús, uno es mentiroso. Dejo que el lector decida cuál de ellos.
Los líderes y pastores bíblicos, los pocos que quedan aún, deberían estar bien informados sobre estas “novedades paganas” que aparecen como mensajes cristianos en libros, internet y películas. Son tan atractivos y cautivadores que resultan irresistibles para el cristiano promedio. Si los pastores no advierten a sus congregaciones del peligro que encierran tales mensajes, si nosotros no levantamos la voz, Charles Colson (1931- april 2012) lo seguirá haciendo con mucho gusto en su esfuerzo de... Evangélicos y Católicos Unidos.
Ya no es necesario que los católicos, con toda su idolatría, mariolatría y tradiciones, reciban a Cristo. De alguna manera la brujería de Lewis lo ha logrado. No sería extraño que muy pronto los libros de este autor se conviertan en la “Biblia” de los cristianos de la prostitución teológica. No importa cuántos libros y películas aparezcan con el correr de los días, Jesús fue claro cuando dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35). Fuente: José Holowaty, Revista Alerta nro. 17; redacción: VM-Ar
Nota: Para que no haya ningún malentendido queremos aclarar que C. S. Lewis (Clive Staples Lewis) de quien se trata en la presente nota, es el autor de Las Crónicas de Narnia; pero Lewis S. C. (Lewis Sperry Chafer) (note el parecido) es autor de una Teología Sistemática, en 8 tomos. Fue dispensionalista y amigo de Cyrus Ingerson Scofield.
Ministerio de La Voz de los Mártires.
Para entrar a la página principal de La Voz de los Mártires:
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Él escribió varios libros de mitos, tal como Las crónicas de Narnia, la cual Christianity Today recomienda con los términos más elogiosos, asegurando que «Cristo vino no para ponerle fin al mito, sino para tomar todo eso que es más esencial en el mito para sí mismo, y hacerlo real». Yo realmente ni siquiera entiendo lo que quieren decir con esto, excepto que carece por completo de sentido.
Charles Colson, uno de los principales promotores del movimiento Evangélicos y Católicos Unidos, dice que el señor Lewis fue uno de los que más influyó en él para que integrara este movimiento y que Billy Graham, fue otro. De hecho, el señor Colson dice en la página 36 de su libro Misión común, «que este movimiento busca continuar el legado de Clive Staples Lewis al centrarse en el núcleo de creencias de todos los cristianos verdaderos».
Sin embargo, cuando uno se dedica a investigar la vida del señor Lewis, descubre que es tan popular entre los católicos como lo es entre los evangélicos. Era miembro de la iglesia anglicana de Inglaterra, cuya historia se basa en gran manera en su compromiso teológico con Roma. Pero... ¿Era el señor Lewis un creyente fiel? ¿Creía en la Biblia? ¡No exactamente! Incluso hasta la propia revista Christianity Today admite, en su edición de diciembre de 2005, que «Clive Staples Lewis no era otra cosa que un evangélico clásico (nominal), social y teológico.
Fumaba cigarrillos y pipa y visitaba regularmente los bares y cantinas para beber cerveza con sus amigos. Aunque compartía creencias básicas con los evangélicos, no creía en la infalibilidad de la Biblia, ni en la substitución penal (es decir que Cristo pagó el castigo que nosotros merecíamos). Creía en el purgatorio y la regeneración bautismal».
Lewis creía en las oraciones por los muertos y en el purgatorio y le confesaba sus pecados regularmente a un sacerdote. En las páginas 198 y 301 del libro C. S. Lewis: Una biografía, dice que el 16 de julio de 1963 le fue administrado el sacramento católico de la extremaunción. Lewis negaba la depravación total del hombre y la suficiencia del sacrificio de Cristo en favor nuestro. Creía en la evolución teísta y rechazaba la Biblia como la Palabra infalible de Dios. Enseñaba que el infierno es un estado de la mente.
En las páginas 64, 208 y 209 de su libro El simple cristianismo Lewis aseguraba que los seguidores de las religiones paganas pueden ser salvos sin fe personal en el Señor Jesucristo. Lewis nunca dio un testimonio bíblico claro del nuevo nacimiento y aseguraba que era innecesario tener fe en la sangre de Cristo. En su libro El simple cristianismo, explica sus puntos de vista sobre la salvación, asimismo en su biografía Sorprendido por el gozo. En ninguno de los dos libros ofrece un testimonio transparente del nuevo nacimiento. En cuanto a la fe en la sangre de Cristo, Lewis afirmó «que no es una parte esencial del cristianismo».
En la página 182 del libro mencionado enseña que no importa cómo uno defina la expiación, porque no creía en el sacrificio expiatorio de sangre. Todo esto simplemente es herejía. El señor Lewis erróneamente aseguró que no importa si una persona cree que es lavada en la sangre de Cristo, porque es una simple“fórmula” que puede ser aceptada o rechazada a voluntad. Declaró que da lo mismo creer o no creer «que el Padre nos ha perdonado porque Cristo hizo por nosotros, lo que nosotros debíamos haber hecho». Tal cosa es una salvación sin sangre por medio de la vida de Cristo, en lugar de serlo a través de Su cruz, y según la Biblia no es salvación de ninguna clase.
La “sangre” está mencionada más de 90 veces en el Nuevo Testamento, y eso no es accidente: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Si Jesús hubiera vivido una vida perfecta en lugar nuestro y hubiera muerto sin derramar su sangre por nosotros, nosotros no seríamos salvos. Lewis dijo en las páginas 54, 55 y 56 de su libro El simple cristianismo: «La creencia central del cristianismo es que la muerte de Cristo de alguna forma nos justificó con Dios y nos da un nuevo comienzo. Las teorías acerca de cómo hizo esto, ya son otro asunto... Cualquiera teoría que desarrollemos acerca de cómo la muerte de Cristo hizo todo esto, de acuerdo con mi punto de vista es algo completamente secundario».
¡Esta es una enseñanza contraria a la Escritura! Dios reveló exactamente lo que hizo Cristo y lo que significa «expiación». No se trata de teorizar o creer en una “fórmula” en contra de otra. La Biblia dice que nuestra salvación es un asunto de propiciación, un rescate, por medio del cual nuestros pecados fueron lavados por la sangre de Cristo. La salvación requería tanto la muerte de Cristo como el derramamiento de su sangre. Lewis nunca menciona la doctrina de la propiciación, pero la propiciación era una parte necesaria de nuestra salvación y la propiciación se hacía con sangre.
Propiciación significa «satisfacción, cubrir, el cumplimiento de una demanda». Se refiere a que Dios tuvo en alta estima el sacrificio de Cristo, que quedó completamente satisfecho con lo que hizo el Señor Jesucristo en la cruz. El castigo que merecía el hombre por haber quebrantado su ley fue satisfecho: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”(Ro. 3:24, 25). “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:2). “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).
La palabra griega que se traduce como “propiciación” en Romanos 3:25 también se traduce como “propiciatorio” en Hebreos 9:5. El propiciatorio cubría perfectamente la ley, la cual estaba contenida en el arca. El hecho que Cristo cubriera las demandas de la ley de Dios simboliza propiciación. La sangre de Cristo que satisfizo esta demanda y quitó nuestros pecados estaba representada en el día de expiación cuando el sumo sacerdote rociaba sangre sobre el propiciatorio (Lv. 16:11-17). Por medio de la sangre de Cristo tenemos redención eterna: “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (He. 9:12).
Como ya hemos visto, el señor Lewis no creía en la infalibilidad de la Biblia, nunca dio un testimonio claro de la salvación, predicó herejías, era un hombre mundano y se advierte una influencia pagana masiva en sus escritos. Pese a todo, varias organizaciones evangélicas tales como Christianity Today y Focus in the Family, entre otras, están ofreciendo cursos acerca de «Cómo encontrar a Cristo en las crónicas de Narnia», cursos que ya se están enseñando en muchas iglesias en Estados Unidos. Pero entonces... ¿Por qué los evangélicos hoy están tan enamorados con Clive Staples Lewis? Creo que estas son algunas de las principales razones:
• A los nuevos evangélicos les encanta C. S. Lewis porque se sienten orgullosos de su intelecto y Lewis definitivamente era un intelectual. Tenía casi memoria fotográfica. Estudió filosofía, artes clásicas e inglés en la Universidad de Oxford. Era uno de los más grandes expertos de su tiempo en literatura inglesa y el principal catedrático en literatura medieval y del renacimiento en la Universidad de Cambridge. Siendo que los nuevos evangélicos adoran el intelectualismo, no asombra entonces que lo hayan escogido como “su santo patrono”.
• Los nuevos evangélicos aman a C. S. Lewis por su pensamiento ecuménico y su rechazo a practicar la separación. Esto lo admite la revista Christianity Today.
• Los nuevos evangélicos aman a Lewis por su simpatía hacia Roma. ¿Acaso no firmaron «Católicos y evangélicos unidos (solo un grupo de Evangélicos Firmo), la misión para el tercer milenio?» Incluso, otros que no se atreven a tanto, usualmente hablan de los errores de Roma en términos suaves, sin mencionarla por lo que realmente es: la institución del Anticristo. Como ya hemos visto, C. S. Lewis consideraba a la Iglesia Católica Romana como cristiana, y anhelaba la unidad entre el protestantismo y el romanismo. Sus amigos más íntimos eran católicos, tal como J. R. Tolkien, el autor del Señor de los anillos, Lewis le daba crédito a Tolkien por haber influido en gran manera en su “conversión”.
Conclusión
Mientras el cristianismo liberal y muchas veces nominal se goza por tener entre sus favoritos a un hombre tan brillante como lo fuera Clive Staples Lewis. ¿Cómo es posible que muchos ministros, conocedores de las Escrituras, se dejen seducir tan fácilmente por un individuo que tan abiertamente niega las doctrinas fundamentales de la Biblia? Vivimos en tiempos cuando a nuestro Señor Jesucristo pretenden convertirlo en un personaje mitológico, es decir, que da igual creer en él tal como siempre hemos creído, o confundirlo con brujos y brujas.
La tal “Bruja Blanca” aparece una y otra vez en sus historietas de ficción, las que se han transformado prácticamente en escritos “teológicos”. Por lo visto ahora ya no debemos depender del Espíritu Santo en lo que a las Sagradas Escrituras se refiere. Es mucho mejor depender de historietas mitológicas donde Jesús mismo es confundido con personajes irreales.
Nos damos cuenta además, que en estos últimos años, los libros y películas que mayor ingreso monetario reportan, son los que con mayor astucia desplazan al Señor para elevar en su lugar a personajes sacados del paganismo del pasado lejano. ¡Y pensar que el señor Lewis es considerado por muchos pastores contemporáneos como un gran “hombre de Dios”! Cuán cierto es el dicho que un ciego no puede guiar a otro ciego.
Pero... ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante este asalto tan astuto en contra de la verdad? Pablo se encargó de advertirnos de lo que viviríamos cuando dijo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Ti. 4-1-5). Si tuviera que aconsejar a un pastor joven, le hablaría del peligro citando los versículos 3 y 4 y le recomendaría aplicar el versículo 5. Si mantenemos nuestra mirada fija en Cristo y reconocemos la suficiencia de las Escrituras, nunca seremos desviados.
Lewis murió en 1963, pero Satanás permitió que su fortuna fuese abundante, incluso muchos años más tarde. Por lo visto cuando este caballero vivía aún, su “evangelio” convertido en fábula no tenía mucho éxito. Pero pasarían algunas décadas y entonces sí, la fortuna diabólica de sus “herederos” crecería como una masa leudada y tendría un atractivo como pan caliente. Las ventas de sus libros se habían elevado a dos millones de dólares para el año 1977. Pero mientras tanto se han vendido más de 100 millones de ejemplares solo de Las Crónicas de Narnia en más de 40 idiomas.
Pablo habla también de quienes “Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Ti. 1:7). “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1). Si fueran inspiración de C. S. Lewis, no tendrían tanta influencia, ni sus libros ni ahora su película. Es un hecho que quienes no desean servir al Señor se postrarán, más tarde o más temprano, ante la tiranía de los demonios.
Por favor note lo que Pablo dice en 1 Timoteo 6:3-5: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”. Los cristianos que realmente aman al Señor y creen que la Biblia es la infalible Palabra de Dios, deben aplicar lo que aconseja el apóstol: “Apártate de los tales”.
Pero estas no son las únicas advertencias, notemos lo que el apóstol Pedro nos dice en 2 Pedro 2:13: “Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores”.
Si piensa que C. S. Lewis era un cristiano bíblico y auténtico, entonces debo decirle que usted tampoco conoce bien al salvador llamado Jesús. Él dice que él mismo es “el camino, y la verdad, y la vida”. Luego Jesucristo agrega que “...nadie viene al Padre, sino por mí”.
Llegamos a la conclusión que entre Lewis y Jesús, uno es mentiroso. Dejo que el lector decida cuál de ellos.
Los líderes y pastores bíblicos, los pocos que quedan aún, deberían estar bien informados sobre estas “novedades paganas” que aparecen como mensajes cristianos en libros, internet y películas. Son tan atractivos y cautivadores que resultan irresistibles para el cristiano promedio. Si los pastores no advierten a sus congregaciones del peligro que encierran tales mensajes, si nosotros no levantamos la voz, Charles Colson (1931- april 2012) lo seguirá haciendo con mucho gusto en su esfuerzo de... Evangélicos y Católicos Unidos.
Ya no es necesario que los católicos, con toda su idolatría, mariolatría y tradiciones, reciban a Cristo. De alguna manera la brujería de Lewis lo ha logrado. No sería extraño que muy pronto los libros de este autor se conviertan en la “Biblia” de los cristianos de la prostitución teológica. No importa cuántos libros y películas aparezcan con el correr de los días, Jesús fue claro cuando dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35). Fuente: José Holowaty, Revista Alerta nro. 17; redacción: VM-Ar
Nota: Para que no haya ningún malentendido queremos aclarar que C. S. Lewis (Clive Staples Lewis) de quien se trata en la presente nota, es el autor de Las Crónicas de Narnia; pero Lewis S. C. (Lewis Sperry Chafer) (note el parecido) es autor de una Teología Sistemática, en 8 tomos. Fue dispensionalista y amigo de Cyrus Ingerson Scofield.
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