3/12/2009

El ejemplo de William Wilberforce al abolir la esclavitud



se cumplen 200 años de la votación que puso fuera de la legalidad el tráfico de seres humanos en los dominios británicos. El 23 de febrero de 1807, por 283 votos a favor y 16 en contra, la Cámara de los Comunes aprobó la Slave Trade Act, que recibió el asentimiento real el 25 de marzo de ese mismo año.

Wilberforce, un metodista amigo del primer ministro

William Wilberforce nació el 24 de agosto de 1759 en Hull, condado de Yorkshire. Hijo de un rico mercader, huérfano a los 17 años, se traslado con sus tíos en Londres. Por su tía Hannah conoció el metodismo, denominación protestante fundada por John Wesley en el seno de la Iglesia anglicana. El metodismo sacaba la predicación a las calles, fuera de los templos, y pedía con ardor una reforma de las costumbres frente a un anglicanismo cada vez más “culto de Estado”. Muerto Wesley, el metodismo se separó de la Iglesia Anglicana.

En 1776, el joven Wilberforce, estudiando en el St John´s College de Cambridge, entabló una profunda amistad con William Pitt, que habría de ser Primer Ministro de Gran Bretaña durante 20 años. Pitt nunca fue un hombre especialmente moral: Wilberforce sería su conciencia en muchas ocasiones, como reconoció el propio Pitt.

Parlamentario a los 21 años

Poco interesado en los negocios familiares, Wilberforce decidió dedicarse a la política desde muy joven. Con tan solo 21 años, en septiembre de 1780, fue elegido miembro del parlamento por Hull como independiente entre los Tories. Tres años después su amigo Pitt se convirtió en Primer Ministro.

Wilberforce veía en la política un instrumento reformar la sociedad a partir de los valores éticos y morales del evangelio. Wilberforce no era tanto un político que en su vida privada era cristiano, como un cristiano que quiso valerse de la acción política para servir a la sociedad. Así podía escribir:

“Dios Todopoderoso ha puesto delante de mí dos grandes objetivos: la supresión del tráfico de esclavos y la reforma de las costumbres”.

Nunca escondió su condición de hombre de fe. Al contrario, hizo de la fe su fuente de acción política.

Contra el esclavismo

Su campaña abolicionista no fue tarea fácil. La esclavitud no acababa de ser vista por la sociedad británica como algo intrínsicamente malo. Tampoco ayudaba nada la posibilidad de un conflicto armado con la Francia revolucionaria. Los británicos estaban más preocupados por la suerte de su patria tras lo ocurrido en el país vecino, que en la suerte de los esclavos.

Pese a todo, Wilberforce y sus compañeros abolicionistas –Charles Fox en la Cámara de los Comunes y Lord Genville en la Cámara de los Lores- no cejaron en el empeño, ni se echaron atrás ante las constantes derrotas en votaciones parlamentarias.

La muerte de Fox en septiembre de 1806 parecía ser un golpe definitivo para el grupo de abolicionistas, pero lo cierto es que Wilberforce dedicó los últimos meses de ese año a escribir su ensayo A Letter on the Abolition of the Slave Trade (Carta sobre la Abolición del Tráfico de Esclavos). Publicado el 31 de enero del 1807, fue determinante en la victoria de la causa en favor de la dignidad humana.

Lord Grenville consiguió que la Cámara de los Lores aprobara por un margen insospechadamente favorable un proyecto de ley abolicionista. La Cámara de los Comunes confirmó dicho proyecto de ley. Veinte años de lucha se vieron coronados por el éxito.

Liberar a los ya esclavos

Wilberforce no sólo combatió la esclavitud. Trabajó también a favor de las misiones cristianas británicas en la India y el continente africano y encabezó una campaña en contra del maltrato de los animales.

Aunque ya había sido abolido el tráfico de esclavos (su captura y comercio) no se habían liberado aquellos que ya tenían esta condición. El último discurso parlamentario de Wilberforce el 11 de junio del 1823 fue a favor de la total emancipación de los esclavos, lo que supondría la desaparición de la esclavitud en Gran Bretaña y sus colonias.

Su salud fue deteriorándose y a principios de 1825 renunció a su sillón en el parlamento. En los años que siguieron hasta su muerte continuó su labor a través de cartas a su amplísimo círculo de amistades, a las cuales animaba constantemente para lograr la total abolición de la esclavitud.

Tuvo tiempo de ver cómo el Acta de Abolición de la Esclavitud fue aprobada por la Cámara de los Comunes el 26 de julio de 1833. Tres días después entregó su alma a su Creador. Un mes después, ese Acta fue ratificada y los esclavos fueron por fin libre en el Imperio Británico.

No faltó quien quiso ver un paralelismo entre la muerte de Moisés y la de Wilberforce, producidas ambas justo antes de ver consumado aquello a lo que habían entregado lo mejor de sus vidas.

¿Quiénes son los Wilberforce de hoy en los parlamentos?

Wilberforce es un referente para el político cristiano de nuestro tiempo. Es el ejemplo de cómo merece la pena dedicar toda una vida a defender la dignidad de todos los hombres, aunque para ello haya que enfrentarse a una sociedad y una clase política poco digna de llamarse civilizada.

Hoy Wilberforce estaría defendiendo la abolición del aborto en el parlamento británico como defendió la abolición de la esclavitud. Si la esclavitud atentaba contra la dignidad humana, el aborto es su negación absoluta. También le veríamos oponerse a toda legislación contraria a la ley natural, a la familia tradicional como célula primordial de la sociedad.

John Wycliffe

3/04/2009

Willis C. Hoover gestor del avivamiento en Chile





El 20 de julio de 1858, en Freeport, Illinois, EEUU, nació el reverendo Willis Collins Hoover Kurt. Fue miembro activo de la Iglesia Metodista Episcopal. Era de una honorable familia cristiana metodista episcopal y educado en ambiente de prestigiosos intelectuales. Alrededor de sus 25 años se graduó en la ciudad de Chicago, en 1884, en Medicina y Cirugía, actividad que ejerce seis años y dentro de este lapso comienza a sentir el impulso del llamado de Dios a su Obra y dejó su carrera para ofrecerse como voluntario a la misión del predicador William Taylor.
Cuando está en pleno goce de su juventud y consciente de su capacidad profesional, ambiente social envidiable, no duda sin embargo en traer a Chile el mensaje de redención en Octubre de 1889, proclama el evangelio secundado por su distinguida esposa Mrs. Mary Anne Hilton de Hoover, cuyo aporte fue de una excepcional eficacia. Procedente de Chicago, Estados Unidos, llega a Chile el misionero Willis C. Hoover, designado por la Iglesia Metodista Episcopal para asumir el cargo de Rector del Colegio Inglés de Iquique, Mr. Hoover, era médico de profesión y junto a su esposa habian sentido el llamado del Señor para el campo misionero.
Posteriormente el Pastor Hoover es trasladado y asume la dirección de la Iglesia Metodista Episcopal de Valparaiso el 13 de Febrero del año 1902.
En 1907 la esposa de nuestro pastor Hoover recibe noticias de un avivamiento espiritual que se estaba produciendo en India, cartas le relataban detalles de estas manifestaciones del Espíritu Santo en un hogar de niñas en Kedgaon, India. Este hecho conmovió a nuestro reverendo Hoover quién estaba convencido de que el Dios que estaba realizando maravillas tan lejos de Chile las podía hacer también en este país. Comenzó a orar para que Dios derramara su poder e invitó también a su congregación a hacerlo. A mediado de 1909, se reunían todos los días a las 17 hrs. dirigidos por el pastor Hoover pidiendo el Espíritu de Dios.
Paulatinamente el Señor empezó a contestar el clamor de su pueblo, y aunque no existen antecedentes certeros del día en que Dios derramó su poder sobre su Iglesia, en uno de sus libros el pastor Hoover menciona el día 4 de julio de 1909 como un día en que ya se producían manifestaciones directas del Espíritu Santo. A principios de 1910 la Iglesia de Valparaíso estaba llena del Espíritu de Dios, aquella situación fue descrita por el reverendo Hoover de la siguiente manera: "Risas, lloros, gritos, lenguas extrañas, visiones, éxtasis, hermanos inmóviles en el suelo que después aseguraban haber sido trasladados al cielo. La congregación se sentía impulsada a comunicar lo que experimentaban y salían a las calles a pregonar a toda voz el Evangelio".
Un día el Pastor W.C. Hoover contemplaba en el espejo las líneas que surcaban su noble rostro y con un dejo de pena, expreso para sí -"¡Que viejo estoy!", entonces vino la pronta respuesta del Espíritu Santo -"¡Si... Y todos estos años llenos de mi gloria!", Aleluyas incontenibles subrayaron el gozo que su Señor le impartía.
Vino ,como se dijo anteriormente ,en compañía de su joven esposa, quien dio toda su vida también a Chile, volviendo enferma a EE.UU., junto a su esposo también enfermo, falleciendo y siendo sepultados sus restos al lado de los de su familia en EE.UU..



El Pastor después de casi 2 años de enfermedad, volvió a Chile para continuar su trabajo, privado de su compañera esposa. Su presencia sirvió para traer a Chile la suma de 15.000 dólares donados por miembros de su familia. Este dinero fue invertido en la construcción de dos templos en Valparaíso.
Los mismos miembros de su familia también donaron al pastor una suma de dinero (lo que fue retirado de su testamento con este fin), para la compra de una casa que sirviera para él y una hija viuda con cinco hijos chilenos.
Si bien sus hijos se educaron en EE.UU., se educaron prácticamente solos, incluso la hija, para ganarse su propia vida, trabajo como peón, como mozo, como chofer, en oficinas, en restaurantes, en jardín, en fin, de todas maneras menos que con un centavo de dinero chileno.
Casi medio siglo duró la infatigable su labor evangelizadora, hasta que en la madrugada del 27 de Mayo de 1936, a la edad de 78 años, el insigne siervo fue ascendido a la Gloria para estar presente al Señor, dejando un hermoso ejemplo de su Ministerio Pastoral.

Según las propias palabras de W.C. Hoover :
"la iglesia Evangélica debe vivir hoy y siempre conforme al molde inamovible y eterno de las Escrituras, sin que haya en nuestras vidas y en nuestro ministerio otro evangelio distinto del que Jesús predicó y rubricó con su sangre en el madero de la cruz".
En cierta ocasión un pastor decía de él": El Rev. doctor Hoover era una persona sin apariencias, pequeño de estatura, humilde y sencillo, de costumbres y modales sin complicación, pero de una profunda convicción y de una fe vigorosa y fuerte que ni los más despiadados huracanes diabólicos habrían podido desarraigarla de la roca de los siglos" Abnegado, fiel, bondadoso y recto; consejero oportuno, siempre preocupado de sus ovejas a las que amaba entrañablemente; digno modelo de su hogar, formado al calor de las enseñanzas de la Santa Biblia, con lágrimas en sus Oraciones pedía a Dios misericordia por alguna alma descarriada o para soportar con espartano coraje las ingratitudes y desprecios de aquellos que con maldad le denostaban y perseguían. Vivió con su vista fija en Jesús, no hubo para él otro maestro ni otro ejemplo más digno de imitar.
La enseñanza divina de la palabra estaba hecha vida en él; fue un ejemplo vivo y elocuente del poder de la gracia divina. En las últimas oraciones de su vida, la petición predominante fue:
"Señor, danos otro avivamiento como aquel que nos diste, si fuera posible, sin los errores y las extravagancias que lo acompañaban; pero en todo caso danos otro avivamiento"
"Señor desde aquí, te damos gracias por la vida de tu hijo W.C. Hoover, porque a través de su vida hemos sido por ti bendecidos." Amén

SMITH WIGGLESWORTH “Apóstol de la Fe”.



1859 – 1947

UNA VIDA ESFORZADA
Smith Wigglesworth nació en Yorkshire, Inglaterra, en el seno de una familia muy pobre y empezó a trabajar desde los seis años de edad durante 12 horas al día, por tal razón nunca fue a la escuela. A los ocho años se convirtió en una Iglesia Metodista Wesleyana y empezó a predicar el Evangelio de Jesucristo, la primera persona a la que llevó a los pies de Cristo fue a su propia mamá. A los diez años se fue a la Iglesia Anglicana y allí fue confirmado. A los dieciséis años se fue al Ejército de Salvación, y a los veinte años se fue a trabajar en Liverpool en donde comenzó a dar de comer a los niños pobres de los muelles, con su propio sueldo.
Luego se fue a Bradford en donde se estableció permanentemente y desarrolló un negocio de plomería. Allí conoció a la joven que habría de ser su esposa y se casó con ella.
Polly, su esposa, fue una gran bendición para su vida: fue ella quien le enseñó a leer y escribir; también fue ella quien con su dulzura ayudó a moldear el temperamento fuerte de su marido. Ella predicaba el Evangelio en campañas de salvación y él era ujier: saludaba a las personas en la puerta, repartía himnarios y hablaba con los recién convertidas en el altar. Los días martes, los esposos Wigglesworth acostumbraban ir a la ciudad de Leeds, en donde se desarrollaba una reunión semanal de oración por los enfermos. Allí fue sanada su esposa.

Un día, los líderes de su Iglesia decidieron viajar a una Convención Cristiana y le pidieron a Wigglesworth que dirigiera los servicios de la Iglesia en Bradford, mientras ellos regresaban, encargo que él aceptó con renuencia. En esa primera reunión en la que Wigglesworth predicó, a pesar de su inexperiencia y de su falta de títulos académicos, 15 personas fueron sanadas por Dios. Muy sorprendido, Wigglesworth concluyó que Dios lo había hecho por misericordia con los enfermos y principalmente con él.
Posteriormente el mismo Smith Wigglesworth sufrió una grave apendicitis que lo tuvo a las puertas de la muerte, porque él se negó a ser operado, pero una pareja de jovenes vino a visitarlo y el joven oró por él diciendo: “Fuera demonio en el nombre de Jesús” e inmediatamente Wigglesworth se sintió bien y recuperó sus fuerzas. Para sorpresa de todos se sintió tan bien, que en ese mismo momento se fue a hacer un trabajo de plomería que le solicitó una señora.



Teniendo como base estos testimonios en otros y en sí mismo, comenzó su ministerio de sanidad antes de recibir el Bautismo del Espíritu Santo, y llegó a ser conocido como predicador en el pueblo de Bradford y en los alrededores cercanos, en donde ministró hasta los 48 años de edad. En sus servicios llevaba a muchos a los pies de Cristo, y oraba por los enfermos.
Algunas personas criticaban su falta de educaciòn formal, pero él no se dejaba llevar a discusiones teológicas, sino que decía: “No soy erudito, soy hombre de un solo libro: La Biblia”.

LA TRANSFORMACIÓN DE SU MINISTERIO
En 1907, a la edad de 48 años, recibió el Bautismo del Espíritu Santo, y se convirtió en un Evangelista único, su temperamento y su forma de vivir cambiaron radicalmente. Smith Wigglesworth fue llamado por Dios al ministerio evangelístico para ir a las naciones de la tierra, y a partir de entonces trabajó siempre con total independencia respecto de las denominaciones, pero con mucha cercanía y amor con los Pastores e Iglesias que le abrieron las puertas.

Dios lo llevó a ministrar en grandes reuniones de sanidad y milagros, en las que impartía fe a las multitudes, predicaba el mensaje de salvación, oraba por los enfermos y desafiaba a los creyentes a recibir el Bautismo del Espíritu Santo. En la puerta de su sede de Bowland Street había un aviso que decía: “Yo soy tu Dios que te sana”. Esto causaba un gran impacto en las personas que lo leían.
Tuvo que padecer durante varios años de su ministerio, dolorosos cálculos renales que le producían constantes hemorragias; sin embargo se rehusó a ser operado y esperó, con fe inquebrantable en la sanidad divina, hasta que finalmente en un servicio de milagros él mismo fue sanado y expulsó veinte cálculos. Llegó a ser conocido como el “Apóstol de la Fe”. Su ministerio se caracterizaba por grandes milagros y señales extraordinarias (incluso hay registradas cerca de veinte resurrecciones en su ministerio).
Muchas personas se sorprendían por sus métodos, que algunas veces parecían rudos pero que traían bendición a las personas. El decía: “No se puede tratar suavemente al diablo” y también decía: “Dios es tan grande. Siempre tiene algo nuevo”. En los libros que se han escrito acerca de él, encontramos las mejores formas de orar y las más diversas formas de ministrar y fuera de lo común, seguidas de sorprendentes sanidades y milagros extraordinarios.

EL ELIAS DEL SIGLO XX
Smith Wigglesworth tenía una presencia imponente que irradiaba autoridad. Era cortés y amable pero austero. Estaba lleno de la compasión, el amor y la fe de Dios, y desafiaba a sus oyentes a tener hambre y sed de la Presencia de Dios. Decía que: “nada en el mundo puede fascinarnos tanto como estar cerca de Dios”.
Solamente con llegar a un lugar causaba impacto a su alrededor, porque se sentía la Presencia del Espíritu Santo en él. No aceptaba lisonjas porque para él era claro que la gloria solo es para el Señor Jesús, y era implacable con los vanidosos que se atrevían a decir que eran siervos de Dios.
Smith Wigglesworth encarnaba la fe y el amor; tenía un perfecto equilibrio entre la profunda espiritualidad de un siervo ungido y la absoluta practicidad de un hombre sabio. Un ejemplo de su amor pastoral se deja ver en su costumbre de usar saco y zapatos delgados cuando predicaba al aire libre, así se daba cuenta cuando las personas más pobres empezaran a sentir frío y sabía que era hora de acabar la reunión.




Era particularmente generoso: con los hermanos, con las Iglesias, y especialmente con los pobres. Ofrecía unas cenas especiales para personas muy pobres basándose en las palabras de Jesús en Lucas 14:13-14: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. El daba un breve mensaje evangelístico en estas cenas y muchas personas se convertían.
Se movía siempre de acuerdo con lo que el Espíritu Santo le decía, casi siempre empezaba orando en lenguas e interpretando el mensaje, se deleitaba en la adoración y especialmente le gustaba el himno SOLO CREER, su oración era poderosa y conmovía el trono de Dios. Una vez en una campaña evangelística en Noruega le pidió a Dios algo diferente y el Señor le dijo: “Esta noche todas las almas serán salvas”, y fue tal la unción que se derramó sobre el auditorio que el hermano Wigglesworth lo describió como la experiencia más increíble que había tenido hasta ese entonces.

Su amada esposa Polly falleció en 1913, pero antes tuvo que convencerlo que Dios la estaba llamando, porque él no cesaba de orar para que no muriera. Solo hasta que Dios le habló, Wigglesworth la dejó partir, pero la extrañó por siempre. Desde que ella murió, su hija Alice lo acompañaba en los viajes porque su único hijo varón falleció tempranamente en 1915.

UN PRECIOSO LEGADO
En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial y el gobierno inglés le pidió a todos los extranjeros que abandonaran Gran Bretaña por su propia protección, por esta causa el Dr. Lester Sumrall se fue a despedir de Smith Wigglesworth. En esa ocasión, sabiendo que la despedida podía ser para siempre, Wigglesworth oró con gran pesar, y en ese momento tuvo una visión gloriosa que el Dr. Sumrall relata de la siguiente manera en su libro “Pioneros de la Fe”:
“Veo el más grande avivamiento en la historia de la humanidad que viene al mundo como nunca antes se vio. Y veo a los muertos levantarse. Veo toda clase de enfermedades que son sanadas. Veo hospitales enteros vacíos….. Me dijo que iban a haber incontables y numerosísimas multitudes siendo salvas. Ninguna persona va a poder decir son tantos los que se convirtieron porque nadie va a poder contarlos dada la gran cantidad que representarán. Ninguna enfermedad va a poder hacer frente al pueblo de Dios. Este será un avivamiento mundial, no local, me dijo, una explosión del poder de Dios y de la unción de Dios sobre toda la humanidad. Entonces abrió sus ojos, y mirándome, dijo: Yo no lo veré, pero tú si lo verás. El Señor dice que yo debo ir a recibir mi recompensa, pero que tú verás la poderosa obra que Él hará sobre la tierra en los últimos días.”


Smith Wigglesworth murió el 12 de Marzo de 1947, a la edad de 87 años, sin sufrir enfermedad alguna a pesar de su avanzada edad y su fuerte trabajo. El fruto de su vida y su ministerio aún nos desafía; pero su mayor legado fue el ejemplo de su fe en el Dios de los imposibles, su amor por las almas y insaciable búsqueda y comunión con el Espíritu Santo.
En nosotros aún resuenan sus palabras de exhortación para que nos entreguemos a una genuina adoración a Dios:
“Algunas personas se quedan satisfechas con algo bueno; otras quieren algo mejor. Para mí lo único suficiente es lo mejor de todo, mejorado.”
“Quiero llevarlos a un lugar de insatisfacción; un lugar donde ya nunca volverán a estar satisfechos,
solo satisfechos con una satisfacción que no puede ser satisfecha.”

2/26/2009

Gladys Aylward "Misionera en China"



-"¡Tú conoces las montañas! ¡Tienes que hacerlo!"- Gladys miró fijamente al oficial intentando entender las implicaciones de sus palabras.
Nadie en realidad esperaba que aceptara el desafío; no solo por el hecho de ser mujer soltera y extranjera, sino también porque los japoneses habían puesto precio a su cabeza.
Gladys miró fugazmente a los niños que jugaban detrás del ejército chino y lentamente asintió con su cabeza.
La defensiva china se estaba viniendo abajo ante el feroz ataque de las fuerzas japonesas y el país estaba sumido en el caos.
Separados de sus familias por la guerra, la vida de cien niños estaba en peligro debido al avance del ejército japonés. Gladys accedió a conducirles a través de unas montañas plagadas de peligros hasta una zona segura.
Su conocimiento de las montañas lo debía a la etapa en la que trabajó como inspectora de gobierno. Gladys solía desplazarse a pie, de aldea en aldea, para comprobar que se cumpliese la ley que prohibía la antigua costumbre de vendar los pies de las niñas para limitar su crecimiento. Al mismo tiempo predicaba el evangelio en forma no oficial.
Gladys era muy conocida y respetada en toda aquella provincia, lo cual le permitía trabajar en su llamado misionero en una vasta área. Y aunque nunca había dudado de su llamado a China, Gladys mantenía una intensa lucha interior en dos aspectos: su deseo de contraer matrimonio (algo que nunca llegó a realizar) y sus sentimientos de inseguridad a lo largo de su carrera misionera.
Le resultaba difícil comprender cómo Dios le había confiado responsabilidades tan grandes. No obstante, ella siguió obedeciendo su llamado.
Rechazada como candidata misionera, Gladys compró su propio pasaje en tren transiberiano y entró sola a China.
A pesar de las inequívocas señales de una guerra inminente, Gladys solicitó la ciudadanía china y se ofreció para servir a su nuevo país en todo lo que le fuera posible.
El rescate de niños es apenas un ejemplo. Su fe en Dios le permitió identificarse con el pueblo chino en unos años difíciles y violentos. Durante todo ese tiempo nunca dejó de señalar el camino al Príncipe de Paz.
Gladys Aylward, hija de un cartero, nació cerca de Londres 1902.
Cuando tenía 18 años asistió a una reunión de avivamiento en la cual el predicador invitó a dedicar las vidas a Dios.
Gladys respondió al mensaje, y pronto después se convenció de que tenía el llamado para predicar el evangelio en China.
Cuando tenía 26 años intentó ingresar a la Misión a China pero no fue aceptada.
Sin rendirse, ella trabajó duramente y ahorró dinero.
Entonces oyó hablar de una misionera de 73 años, la señora Jeannie Lawson, que buscaba a mujer más joven para continuar su trabajo.

Gladys escribió a señora Lawson y fue aceptada por ésta, con la condición de que debía costearse los gastos del viaje de Inglaterra a China.
Debido a que ella carecía de fondos suficientes como para pagar el precio de la travesía en barco, se propuso viajar por tierra, en tren.
En octubre de 1930 inició su viaje con apenas su pasaporte, la Biblia, los boletos, y dos libras de alimentos.
Viajando en el tren Transiberiano, finalmente llegó en Vladivostok en el costa este de Siberia.
Ésta no era la ruta más directa a su destino, pero debido a una guerra sin declarar entre Rusia y China, ella tenía pocas opciones.
Ella navegó de allí a Japón y de Japón a Tientsin, y entonces por tren, autobús y mula hasta la ciudad interior de Yangchen, en la provincia montañosa de Shansi, al sur de Pekín (Beijing).
La mayor parte de los residentes no habían visto a ningún europeo con excepción de señora Lawson y ahora de Srta. Aylward.
Desconfiando de ellas por ser extranjeras, los pobladores no se mostraron dispuestos a escucharlas.
Yangchen solía ser una parada de noche para las caravanas a mula que llevaban carbón, algodón crudo, esencias, y mercancías de hierro, en viajes que duraban de seis semanas a tres meses.
A las dos mujeres se les ocurrió que la manera más eficaz para predicar sería instalar un mesón.
El edificio en el cual vivieron había sido una vez un mesón, y con un poco trabajo de la reparación se podría utilizar como uno otra vez.
En una fuente pusieron alimento para mulas. Cuando apareció la primera caravana, Gladys salió hacia fuera, asió la rienda de la mula del guía, y la hizo caminar por el patio. Las otras mulas la siguieron hasta la cubeta con alimento. Los muleteros tenían poca opción. Las mulas no avanzarían hasta comer.
Entonces dieron a los hombres alimento y camas calientes por un precio estándar, y atendieron a sus animales.
Por la tarde contaban historias sobre un hombre llamado Jesús.
Después de unas semanas, Gladys no necesitó “secuestrar” a sus clientes, ellos regresaban por la buena atención.
Algunos aceptaron bien a estas cristianas, y prontamente los caravaneros fueron corriendo la voz sobre la posada.
Gladys practicó su chino por horas cada día, y llegó a expresarse con gran fluidez.
Cierto día la señora Lawson sufrió una caída severa, y murió algunos días después. Gladys Aylward quedó sola para hacer funcionar la misión, con la ayuda de un cristiano chino, Yang, el cocinero.
Pocas semanas después de la muerte de señora Lawson, la Srta. Aylward se reunió con el mandarín de Yangchen. Él llegó en una silla de seda, con un cortejo impresionante, y le dijo que el gobierno había decretado extremar la práctica de caminar sin calzado (para erradicar la ancestral costumbre de achicar los pies).
El gobierno la obligó a cumplir con el decreto y a la vez inspeccionar que éste se cumpla.
Ella debió aceptar. No sabía las impensadas oportunidades de predicar el Evangelio que sobrevendrían a tal decisión.
Durante su segundo año en Yangchen, el mandarín convocó a Gladys.
Había explotado un alboroto en la prisión de los hombres. Cuando ella llegó encontró que los reclusos actuaban con una violencia inusitada, y habían matado a varios de ellos. Los soldados estaban asustados y no se atrevían a intervenir.
El Jefe de guardias de la prisión la había oído predicar que los que confían en Cristo no tienen nada temer. Entonces le pidió si podía intervenir.
Ella caminó en el patio y gritó: - ¡Silencio! No puedo oír cuando todos gritan a la vez. Elijan a uno o dos delegados y permítanme hablar con ellos-.
Los hombres bajaron la voz y eligieron a un delegado.
Después de escuchar lo que tuvo que decir el hombre, ella actuaba como enlace entre el Jefe de los guardias y los internos. Con el tiempo llegó a ser un instrumento de cambios positivos en el funcionamiento de la prisión.
La gente comenzó a llamar a Gladys Aylward “Ai-weh-deh” que significa la “virtuosa”.
Cierto día, Gladys vio a mujer pidiendo limosnas, acompañado por una niña obviamente dolorida y severamente desnutrida.
De alguna manera se alegró que la mujer no sea la madre. Ésta había secuestrado a la niña para usarla con su fin de limosnear. Gladys “compró” a la niña, una muchacha cerca de cinco años.
Un año más adelante, la pequeña vino adentro con un muchacho abandonado en el remolque, pensando “yo comeré menos, de modo que él pueda tener algo.”
Así el Ai-weh-deh adquirió a segundo huérfano. Y su familia comenzó a crecer….
Ella era una visitante regular y bienvenida en el palacio del mandarín, que encontraba su religión ridícula. Simplemente le agradaba conversar con ella.
En 1936, Gladys Aylward se hizo oficialmente una ciudadana china. Vivió frugalmente y vistió como la gente alrededor de ella, y esto era un factor importante en la eficacia de su predicación.
Durante la primavera de 1938, los aviones japoneses bombardearon la ciudad de Yangcheng, matando a muchas personas y provocando que los sobrevivientes huyan en las montañas.
Después de cada bombardeo había una ocupación intermitente de la ciudad por parte del ejército japonés.
Durante una de las ausencias del ejército, el mandarín reunió a sobrevivientes y los hizoo retirar a las montañas para habitar allí durante un largo tiempo.
Mientras tanto, Gladys nunca dejó de ocuparse de las cuestiones de los presos. La política tradicional establecía la decapitación de todo aquel que intentara escapar.
El mandarín pidió el consejo de Ai-weh-deh, y organizaron un programa para los parientes y los amigos del condenado para fijar un enlace que garantice su buen comportamiento y pensar, en algún tipo de reinserción social.
A medida que la guerra continuó Gladys se encontró a menudo detrás de líneas japonesas, y a menudo trabajó pasando información al ejército de China, el país que la adoptó.
Gladys se encontró y entabló amistad con el “General Ley” un sacerdote católico de Europa que había tomado las armas durante la cruel y despiadada invasión japonesa, y ahora estaba encabezando un comando de guerrilla. Finalmente él le envió un mensaje. - Los japoneses están viniendo con todas sus fuerzas. Nos estamos retirando. Ven con nosotros.
Enojada, ella garrapateó una nota china, PU TWAI del CHI TAO TU, “¡los cristianos nunca se retiran!”


Ella decidió participar ayudando al gobierno en Sian, trayendo con ella a los niños que ella había adoptado, cerca de 100. (Otros 100 se habían ido unos días antes con un colega.)
Con los niños en remolque, ella caminó por doce días. Algunas noches encontraron el abrigo de anfitriones amistosos. Algunas noches pasaron desprotegido en las laderas de la montaña. En el duodécimo día, se toparon con el Río Amarillo, sin manera de cruzarlo.
Todo el tráfico de barcos había parado, y todos los barcos civiles habían sido confiscados para guardarlos fuera de las manos del invasor japonés.
Los niños desearon saber, “¿Qué hacemos que no cruzamos?”
Ella dijo, “no hay barcos.” Entonces los niños dijeron dijieron, “Dios puede hacer cualquier cosa. Pidámosle que nos consiga uno”
Se arrodillaron y oraron. Entonces cantaron.
Un oficial chino con una patrulla oyó cantar y montó río arriba.
Él oyó su historia y dijo, “pienso que puedo conseguirte un barco.”
Cruzaron el Río Amarillo, y después de algunas dificultades más, Ai-weh-deh entregó su preciada carga en manos seguras en Sian.
Días más tarde, literalmente se derrumbó enferma con fiebre del tifus y padeció de delirio por varios días.
Cuando su salud mejoró gradualmente, ella comenzó una iglesia cristiana en Sian, y trabajó en otros lugares, incluyendo un establecimiento para los lerosos en Szechuan, cerca de las fronteras de Tíbet.
Su salud fue deteriorada permanentemente por lesiones recibidas durante la guerra, y en 1947 ella volvió a Inglaterra para una operación gravemente necesaria.
Ella permanecería en Inglaterra, predicando allí.
En 1955, ella volvió al Oriente y abrió un orfanato en Formosa (Taiwán), que continuó funcionando mientras ella vivió.
La Srta. Gladys Aylward, Ai-weh-deh, murió el 3 de enero de 1970.
En 1957, Alan Burgess escribió un libro acerca de ella, The Small Woman. Fue condensado en The Reader´s Digest , y transformado en una película llamada el The Inn of The Sixth Happiness, protagonizada por a Ingrid Bergman.
Aunque la película haya estado bien producida, y conmovedoramente actuada por la gran actriz Ingrid Bergman, esta realización fué una espina en el zapato para Gladys Aylward. La película la desconcertó profundamente porque estaba plagada de inexactitudes. Hollywood se tomó grandes libertades con su relación con el coronel chino Linnan, incluso cambiándolo en un eurasiático. Pero horrorizó a Gladys, la más casta de las mujeres, ver que la película la había retratado en “escenas de amor”. Ella sufrió grandemente sobre lo que ella consideraba su reputación manchada.
Fuente: `Biografía abreviada` de James E. Kiefe.

DWIGHT L. MOODY EL VENDEDOR DE ZAPATOS QUE NECESITABA PODER


Este hombre, cuya educación formal fue el equivalente al quinto año de primaria, fundó tres escuelas de renombre. Sin educación teológica, reestructuró el cristianismo de la Era Victoriana y sin radio o televisión, alcanzó a 100 millones de personas, viajando más de cien millones de millas durante su carrera evangelística. Todo comenzó cuando este vendedor de zapatos inició una escuela dominical que llegó a ser la más grande de Chicago. Así que él ya tenía cierto éxito cuando conoció a dos ancianitas, quienes le informaron: "Hemos estado orando por ti... ¡necesitas poder! ¡Necesitas poder!"
Dice Moody: "Mi reacción inmediata fue: ¿Por qué mejor no oran por los perdidos? ¡Yo pensaba que ya tenía poder! Tenía la congregación más grande de Chicago, y había muchas conversiones. Pero ante la insistencia de ellas, por fin me animé a preguntarles exactamente a qué se referían cuando decían que yo necesitaba más poder."
Cuando les preguntó, ellas le contestaron que lo que él necesitaba era el bautismo con el Espíritu Santo. Fue entonces que él les pidió que no sólo oraran por él, sino también con él.
Relata Moody: "Al escuchar y orar con ellas, derramaban su corazón para que yo pudiera tener la plenitud del Espíritu Santo, y comencé a reaccionar. Entró en mí una intensa hambre espiritual, que hasta entonces había sido desconocida para mí. Comencé a llorar como nunca antes. El hambre aumentó. Verdaderamente sentí que ya no quería vivir si no podía tener ese poder para su servicio".
Poco tiempo después, un día él estaba caminando por Wall Street en Nueva York, y en medio de la actividad y bullicio de esa céntrica calle, su oración fue contestada; el poder de Dios cayó sobre él mientras caminaba, al grado que tuvo que correr a la casa de un amigo y pedirle si le podía permitir estar a solas en una habitación. En esa habitación permaneció por horas; y el Espíritu Santo vino sobre él llenando su alma con tanto gozo que por fin tuvo que pedirle a Dios que detuviera Su mano, para que no muriera en ese instante por el gozo tan desbordante. Salió de ese lugar con el poder del Espíritu Santo sobre él, y a partir de allí comenzó sus poderosas reuniones evangelísticas.
Según él mismo relata: "Los mensajes fueron diferentes. No presenté verdades nuevas, y sin embargo, cientos de personas fueron convertidas. Yo jamás volvería atrás a donde estaba antes de esa bendita experiencia (refiriéndose a su bautismo en el Espíritu Santo)"
Además, desde entonces, él siempre insistía en la importancia que los demás cristianos también fueran bautizados con el Espíritu Santo. Un amigo suyo fue R. A. Torrey, quien relata: "Una y otra vez, el Sr. Moody venía y me decía:
'Torrey, quiero que hables del bautismo con el Espíritu Santo'. En una ocasión, él intervino para que me invitaran a predicar en una prestigiosa iglesia de Nueva York. Me dijo: "Esa iglesia es grandísima, y quiero pedirte que prediques tu mensaje acerca del bautismo con el Espíritu Santo." Es más, siempre que él se enteraba que yo estaba invitado a predicar en algún lugar, él me llamaba y me decía: "Torrey, asegúrate de predicar acerca del bautismo con el Espíritu Santo."
Otro hecho es que él fluía en los dones del Espíritu.
En el libro "Las Tribulaciones y los Triunfos de la Fe", escrito en 1875, Dr. Richard Boyd, un amigo de Moody, escribió: "Cuando llegué a los salones, la reunión estaba en fuego. Los jóvenes estaban hablando en lenguas y profetizando. ¿Qué significaba todo esto? Sólo que Moody había estado hablándoles por la tarde."
Del libro "Moody y Su Obra": "...en uno de sus grandes servicios en Londres, al levantarse a leer las Escrituras, involuntariamente comenzó a hablar palabras que ni él ni su congregación entendían".



DICHOS IMPORTANTES DE MOODY:

En cuanto a la falta de poder:
"Nuestro mayor problema es el problema de "traficar" con verdades no vividas. Tratamos de comunicar lo que nunca hemos experimentado en nuestra propia vida."
"Algunas personas parecen creer que están perdiendo tiempo si esperan en Dios por Su poder, así que se van y hacen Su obra sin unción y sin poder alguno... El Espíritu Santo DENTRO de nosotros es una cosa, y el Espíritu Santo SOBRE nosotros es otra... si los primeros cristianos hubieran salido a predicar sin esperar el poder, ¿creen que hubiera ocurrido lo que ocurrió el día de Pentecostés? ...No tiene sentido salir corriendo antes de ser enviado, intentar hacer la obra de Dios sin el poder de Dios... un hombre obrando
sin el poder del Espíritu Santo está perdiendo su tiempo. Así que no perdemos nada si esperamos hasta que obtengamos este poder."
En cuanto a las manifestaciones de los avivamientos, Moody dijo en su mensaje titulado
"Avivamientos":
"A mí no me da tanto miedo la emoción como a otros. Hay quienes apenas ven algo interesante, inmediatamente claman, '¡Sensa-cionalismo! ¡Sensacionalismo!' Pero yo les digo que prefiero tener sensación en lugar de estancamiento... Me parece que cualquier cosa es preferible a lo muerto... Donde hay vida, siempre habrá conmoción".
"¿Ven cómo El vino el día de Pentecostés? No es carnal orar que Él venga otra vez y que el lugar tiemble.
Creo que el Pentecostés sólo fue un día para servirnos de muestra. Creo que la Iglesia cometió este lamentable error de decir que Pentecostés sólo fue un milagro que no volverá a repetirse".

2/20/2009

UNO DE LOS MÁS GRANDES EVANGELISTAS : JOHN WESLEY


Es el fundador de la iglesia Metodista y uno de los más grandes evangelistas conocidos en la historia.Aun los historiadores seculares respetados dicen que a través del ministerio de Juan Wesley, sus ayudantes y convertidos y el Gran Despertar sobre Inglaterra que resultó, Inglaterra fue librada del terrible baño de sangre que caracterizó la Revolución Francesa que ocurrió dos años antes de la muerte de Wesley. Se dice que durante su ministerio, viajó más de 400,000 kilómetros a lomo de caballo (una distancia equivalente a dar diez vueltas alrededor de la tierra sobre el Ecuador), y predicó más de 40,000 mensajes. ¿Cuál fue su secreto?
Interesantemente, él ya era un ministro ordenado de la Iglesia Anglicana aun antes de experimentar su nuevo nacimiento en 1838. Unos seis meses después, tuvo un poderoso encuentro con el Espíritu Santo. En sus propias palabras: "Estábamos reunidos y en constante oración, cuando alrededor de las tres de la mañana, el poder de Dios vino poderosamente sobre nosotros, a tal grado que clamamos con un gozo excesivo, y muchos cayeron al suelo. Tan pronto que nos recuperamos un poco de ese asombro y maravilla ante la presencia de Su majestad, irrumpimos a una voz: '¡Te alabamos, Oh Dios, te reconocemos como el Señor!'
A partir de allí, él comenzó a predicar con una unción y poder extraordinarios, y su predicación resultaba en convicción poderosa de pecado en los corazones de multitudes de personas.
La verdad es que si uno se pone a leer sus mensajes hoy día, diría que no había nada en ellos como para provocar emoción. Y sin embargo Dios los usó para llevar a miles de personas al Señor. No era la palabra; era el poder de Dios sobre la palabra.
Siempre al terminar su mensaje oraba pidiéndole a Dios que "confirmara su palabra" que pusiera su sello sobre ella, y que "diera testimonio de ella". Y Dios lo hacía así. Los pecadores sentían su culpa y clamaban a grito abierto y en gran angustia, pidiendo misericordia, bajo la influencia de la profunda convicción de su pecado. Muchos caían al suelo bajo el poder de Dios, en el momento del arrepentimiento. Unos pocos minutos después, estarían regocijándose con la seguridad de que sus pecados habían sido perdonados, y con una profunda conciencia de la paz de Cristo.
Wesley relató la siguiente experiencia en su diario personal:
"Supimos que muchos se ofendieron al oír los clamores de aquellos sobre quienes descendió el poder de Dios; entre ellos un médico, quien dijo que podría tratarse de un engaño o falsedad. Hoy una de las primeras personas en clamar misericordia fue una mujer a quien dicho médico conocía por años. Al verla llorar, le pareció increíble que fuese la misma persona. Se acercó a ella y observó todos los síntomas; vio que por la cara le corrían gruesas gotas de sudor y se estremecía hasta los huesos. Al ver eso, no supo qué decir, pues quedó convencido de que no se trataba de ningún engaño, ni tampoco de ningún desordennatural. Mas cuando su cuerpo y alma fueron sanados en un instante, el médico vio el dedo de Dios en lo que le había ocurrido a la mujer".
Pero las manifestaciones de la presencia de Dios no se limitaban a las reuniones; algunos eran sobrecogidos por una tremenda convicción hasta tres semanas después: De repente echaban tales gritos como si estuvieran en angustia de muerte, se arrepentían, y posteriormente se regocijaban por el perdón de pecados.
DECLARACIONES DE WESLEY:
Wesley creía que los Dones del Espíritu eran para nuestros tiempos. En una carta escrita en junio de 1746, declara: "No recuerdo de ninguna Escritura donde se nos enseñe que los milagros debían confinarse a la edad apostólica o cualquier otro período de tiempo. Es cierto que San Pablo dice que las profecías y las lenguas cesarán, pero en ningún momento dice que estos milagros cesarán antes de que cesen la fe y la esperanza..."
En cuanto a la clase de personas que impactarán en el Reino:
En una ocasión, otro ministro le preguntó cómo hacerle para lograr que mucha gente viniera a escucharle.
LA RESPUESTA DE WESLEY FUE:
"Si el predicador está ardiendo, los demás vendrán para ver el fuego."
"Dame cien predicadores que no le temen a nada excepto al pecado, y no desean nada excepto a Dios, y no me interesa ni una paja que sean clérigos o laicos, ellos sacudirán las puertas del infierno y establecerán el reino de los cielos en la tierra."